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¿Quién decide qué comemos?
Por Dr. Fernando Valdivia



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Fernando Valdivia

Luego de miles de años en los que la humanidad padeció el hambre como uno de sus principales flagelos, en los años de la segunda posguerra se pudo alcanzar el ansiado hito de producir tantos y más alimentos que los que necesitamos como especie.

La revolución agropecuaria y de la industria alimentaria desplegaron un crecimiento nunca antes visto y fueron mucho más allá de la adaptación comercial a un nuevo escenario socioeconómico: alimentos con mayor grado de preparación, soluciones de comida rápida, snacks para "engañar al estómago" y muchas otras alternativas para facilitar el hecho de que más integrantes de la familia se incorporaban al mercado de trabajo.

Una nueva mesa estaba servida. Por primera vez en la historia, también, decidimos tercerizar nuestras decisiones acerca de qué comer. La industria alimentaria tomó el lugar de ser el encargado de definir nuestra dieta, y lo sigue haciendo hasta nuestros días.

En la búsqueda de comodidad, facilidad de uso y adecuación a los diferentes gustos, la industria se fue desagregando en nuevas cadenas productivas, cada vez más especializadas y con un desarrollo simultáneo de estrategias de marketing y publicidad que resultaría clave para comunicar estos profundos cambios que afectaba a uno de los temas más sensibles y de mayor cuidado en la vida familiar. Es el despegue, también, de las industrias complementarias de la alimentación: la de los aditivos, los envases y el transporte, centrales en los procesos de almacenamiento, conservación y distribución de los alimentos.

Al mismo tiempo, se multiplicaba la oferta de lugares de comidas preparadas y restaurantes, con claro sesgo hacia la "comida rápida", accesible y con alta capacidad de saciedad. Mucha más comida circulante, con mayor poder calórico y con bocas dispuestas a paliar el hambre que, como especie, costó tantas vidas a lo largo de milenios.

Una de las principales características productivas de la industria de alimentos y bebidas es la utilización de materias primas baratas para producir alimentos caros. Agua, harinas, sal, grasas, azúcar y leche son los insumos principales con los que se elaboran miles de alimentos altamente procesados que terminan vendiéndose hasta seis veces más caro que el costo de sus ingredientes.

Esta nueva modalidad de organización de la alimentación era ya un boom en los años ´60 y no dejó de crecer hasta nuestros días, trayendo consigo, además de las soluciones mencionadas, una vasta colección de excesos que han impactado negativamente en la salud, al punto que el 80% de las enfermedades de los humanos en la actualidad están asociadas con los alimentos y la alimentación.

Si bien en los inicios no hubo resistencias a los alimentos industrializados, no se tardó mucho más de dos décadas en observarse los efectos devastadores de la alimentación industrializada. Y, cuando estos problemas comenzaron a ser evidentes, pasamos desde la euforia inicial de los excesos al cuestionamiento de la industria. Inicialmente la voz de los reclamos estuvo en movimientos que tímidamente rescataban el valor de lo "natural" en contraposición a lo que daban en llamar "alimentación artificial". Más tarde, la clara evidencia de las epidemias de diferentes enfermedades asociadas con la mala alimentación hizo fácil el cuestionamiento y surgimiento de nuevas voces.

Ante ese nuevo escenario, la industria alimentaria redobló su apuesta a través de dos gigantescos caminos estratégicos:

1) La industria publicitaria: Mayores presupuestos en creatividad y pauta, y contrataciones millonarias de celebridades para ponerlas al frente de campañas interminables fueron y siguen siendo la principal vía para posicionar sus productos, esencialmente en los países que aún no se han desarrollado. Una suerte de refuerzo de la mercantilización de los alimentos.

2) La industria de las Dietas: Contrariamente a lo que suele suponerse, las dietas no forman parte de un nuevo paradigma que viene a corregir las anomalías del industrial, sino que son parte constitutiva de ese mismo fenómeno de excesos. Esto que podríamos llamar "medicalización de la alimentación" es la expresión de un modelo que implica, en la práctica, un mayor control del proceso alimentario y la aparición de productos más especializados que, obviamente, también están en manos de la propia industria.

Millones de personas, sin estar calificadas médicamente como pacientes, inician el tedioso camino de alguna dieta, pese a estar científicamente comprobado que éstas no funcionan y que implican, solo en la compra de "alimentos especiales", un incremento del presupuesto alimentario del 50%. Un verdadero viaje de ida.

Dr. Fernando Valdivia / Email: thefoodplannerarg@gmail.com / Twitter: @thefoodplanner / Facebook.com/foodplanner


 

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