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La Auténtica Defensa. Edición del domingo, 29/oct/2017.
"El legado más fuerte que mi viejo me dejó es un marcado compromiso social"
Por Julio Zapata para La Auténtica Defensa



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Rubén López, hijo del desaparecido Jorge Julio López, cuenta cómo vivió la historia de su padre.

Rubén López era un adolescente de 11 años cuando su padre, Jorge Julio, desapareció por primera vez. Su vida cambió para siempre. Hoy, con 52 años, en una esquina a metros de Plaza de Mayo, hace un recorrido de su historia y de una herencia de lucha y compromiso social que descubrió no hace mucho tiempo pero que le es propia. "Tito", "Gallego" y "Viejo" son algunos de los apodos que familiares y amigos utilizaban para llamar a Julio López, su padre, desaparecido dos veces.

-Rubén ¿qué recuerdos te quedaron de aquel Octubre de 1976 cuando se llevaron a tu viejo?

-En primer lugar podría decirte que los recuerdos son imágenes que las tengo en mi cabeza, no se borran. Mi hermano tenía casi 8 años y yo 11 años, fue una noche que no me la voy a olvidar jamás. Era cerca de la una y media de la mañana, sentí que rompieron la puerta de entrada de mi casa mientras todos dormíamos. Por otro lado te puedo decir que recuerdo la cara de esos tipos porque los miré, fueron 10 segundos, luego nos hicieron meter en la habitación y darnos vuelta para que no veamos lo que hacían. A mi viejo se lo llevaron en ropa interior y con la cabeza tapada. Después de un rato nos dormimos con mi hermano, no entendíamos nada, al otro día había familiares en mi casa tratando de entender y de darnos una mano a nosotros.

-¿Cómo fue tu vida a partir de ese momento?

-Mira todo fue una locura yo era muy chico, con mi familia la verdad es que no nos sabíamos manejar. Mis viejos eran gentes de campo ¿entendes? Mi vieja mucho no sabía qué hacer. Recuerdo que algunas veces tuvimos que viajar a CABA para que la Cruz Roja nos enviara comida, también los familiares nos ayudaron mucho. Nos cambió el concepto de familia, sinceramente mi vida fue otra, pasamos de ser una familia humilde y laburante a tener que estar en una lucha por la aparición de mi viejo.

-¿Cómo vivieron esa búsqueda de tu viejo?

-Fueron años muy difíciles, como te decía, éramos chicos y de repente nos veíamos acompañando en situaciones que no lográbamos entender del todo. A los 6 meses que se lo habían llevado, es decir que estaba detenido-desaparecido, lo blanquearon. A partir de ahí esperamos dos años y unos meses más hasta que lo liberaron, fue un constante aprendizaje en cada lucha que hacíamos.

El 27 de Junio de 1979 Julio López fue liberado y regresó a su casa en los Hornos, dónde vivía cuando se lo habían llevado.

-¿Qué pasó en tu familia a partir de que tu viejo volvió?

-Efectivamente ya no éramos los mismos, de eso no cabe alguna duda. Pero mi viejo no hablaba de nada, era un tema que no se tocaba en mi familia. Como no se hablaba nosotros no preguntábamos, era una especie de acuerdo del cual nada se decía. No puedo reprochar esa situación, la verdad es que habíamos sido educados así. Mi viejo mantuvo ese silencio durante mucho tiempo, seguramente lo compartía con sus compañeros que habían sobrevivido pero no con nosotros.

-Hasta que un día una publicación de un diario rompió ese "acuerdo de silencio" y pudieron leer la primera declaración de tu viejo, ¿fue así?

-Sí, efectivamente ese día nuestro acuerdo quedó eliminado. Fue una publicación del diario El Día, recuerdo que mi vieja me dijo que leyera ese artículo porque ahí estaba mi papá contando lo que le había sucedido. Estaba yendo a los Juicios por la Verdad en La Plata, era el año 1999. El título decía "Valiente de los Hornos declara", desde ese momento comprendimos un montón de cosas, empezamos a encontrar respuestas a tantas preguntas que nos habíamos hecho durante varios años. Mi viejo tenía la necesidad de contar todo lo que le habían hecho a sus compañeros detenidos, luego desaparecidos. Obviamente que nos daba miedo de que le pasara algo, no de que desaparezca sino una preocupación por su salud emocional y física, él ya no era el mismo tipo.

El 28 de junio de 2006 Julio López declaró como testigo en la causa contra Miguel Etchecolatz, quien luego recibiría la condena de prisión perpetua por diversos crímenes de lesa humanidad.

-¿Alguna vez tu viejo les pidió que lo acompañaran a declarar?

-Sí, el día del juicio nos pidió que lo acompañáramos y así lo hicimos, recuerdo que lloramos en el momento de su declaración. El año 2006 fue clave porque antes de que desaparezca por segunda vez habíamos comenzado a comprender aún más a mi viejo. El tenía una voluntad y un fuerte compromiso por contar detalladamente lo que había vivido, tal vez más de sus compañeros y no tanto de su sufrimiento. Había estado detenido en cuatro centros clandestinos: Cuatrerismo, pozo Arana, Comisaría quinta y Comisaría octava. Sabes que cada vez que él declaraba, o que contaba algunos episodios, se quería levantar la remera para mostrar las cicatrices, esas marcas que evidenciaban y sustentaban sus relatos de torturas. Nosotros lo dejábamos porque era parte de acompañarlo y de que él contara todo eso que durante años había callado.

-El 18 de Septiembre de 2006 fue la fecha de los alegatos pero también fue el día que tu viejo desaparece por segunda vez, ¿qué pasó con vos a partir de ahí?

-A partir de la segunda desaparición de mi viejo todo fue una transformación para mí. Fue un proceso que me llevó años para tener conciencia de clase, entender lo importante de la lucha, comprender el legado de mi viejo, asumiendo la herencia de su nombre que intento siempre representar. Me cambió algo que yo no tenía pensado, soy carpintero, de escasas palabras y de poco figurar, sin embargo no me quejo para nada de asumir esta responsabilidad.

-¿Quién es Julio López para vos?

-Julio López es un militante, un sobreviviente, una persona que tal vez tuvo vergüenza de sobrevivir porque sus compañeros de lucha no pudieron hacerlo. Un tipo de pocas palabras pero que con sus hechos nos marcó. Es por eso que yo acompaño a la familia de Santiago Maldonado porque el legado más fuerte que mi viejo me dejó, y que me es propio, es un marcado compromiso social.


"Antes de que desaparezca por segunda vez habíamos comenzado a comprender aún más a mi viejo. El tenía una voluntad y un fuerte compromiso por contar detalladamente lo que había vivido", señala rubén.

 

"El legado más fuerte que mi viejo me dejó es un marcado compromiso social"
Por Julio Zapata para La Auténtica Defensa
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