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La Auténtica Defensa. Edición del domingo, 05/nov/2017.
Sintoísmo, Budismo y Planificación urbanística
Por Arq. Jorge Bader



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Jorge Bader

Quiero reflexionar sobre una impresión que me quedo de mi reciente contacto con otros modos de interpretar la apropiación humana del territorio. Visitar Japón representa algo más que vivir una experiencia cultural diferente. Es también ver como ciertos preceptos filosóficos se trasladan al modo de hacer ciudad.

Hasta antes del siglo VIII las capitales en Japón solían cambiar de ubicación a la muerte del emperador. Un costumbre que resultaba un tanto costosa pero que tenía relación con el sintoísmo y su relación siempre mutante del lugar y la percepción social del mismo. Cuando el budismo se importó desde China, se impuso un modelo de ciudad centralizado, geométrico y normado por las leyes del Feng Shui. Las ciudades japonesas fueron modeladas con una importante diferencia: la ausencia de amurallado que rodease la ciudad y el desarrollo consensuado y adaptado al territorio existente. En este sentido, la relación entre el planeamiento urbano, y el respeto por la naturaleza y el paisaje pasaron a tener un vínculo más estrecho. Se incorpora así una visión milenaria en la creación de los espacios urbanos. La estructura del paisaje era muy simple pero a la vez muy sabia y simple:

a) Las montañas se localizan al norte. Estas montañas definen una barrera natural

b) Existe una corriente de agua al sur, y la pendiente se desenvuelve suavemente hacia esa dirección.

c) Se establece una clara direccionalidad de acuerdo a los puntos cardinales y está claramente relacionado con los movimientos solares, los efectos de luz y la dirección del viento.

Con esta sencilla concepción prácticamente toda las ciudades buscaban organizarse en declives entre un alto y un llano y toda la ingeniería se basaba en el recorrido natural de las aguas.

Nos costó siglos al occidente entender una filosofía de respeto a la naturaleza. De hecho todo nuestro proceso urbanístico fue considerando al territorio como una variable modificable según el criterio más racional alterando perfiles o desconociendo cuestiones topográficas. Sin ir muy lejos en nuestra ciudad, la situación de las barrancas naturales no fue una limitación a la interposición de una trama urbana que llega a tener terrenos cuyos límites se encuentran con fuertes diferencias de altura en los fondos debido a los pronunciados cambios de nivel entre las distintas calles, como es el caso de muchos sectores entre Beruti y Güemes, o entre Luis Costa y Dellepiane. Esto habla claramente que la ciudad americana poco consideró en general esos conceptos ancestrales del respeto a la topografía del planeamiento físico territorial del oriente. Cuando en América se avasallaba el territorio y se aplanaban perfiles topográficos en Oriente se aplicaban las leyes de la naturaleza para organizar ciudades.

La occidentalización del urbanismo racionalista no ayuda mucho en los años recientes ya que el concepto de optimización de las infraestructuras ha sido un factor que fue dejando ese concepto de respeto por la topografía de lado. Lo más valioso a rescatar de la filosofía sintoísta en el urbanismo, (un conjunto de conceptos milenarios del origen japonés basado en el respeto al otro), es la visión mutante del territorio, no tanto por lo variable de lo topográfico, sino por la relación del hombre con ese territorio. Esta concepción tan profunda es una reflexión que me parece central porque la dimensión humana de la relación con el espacio construido hace que este espacio solo tenga sentido en cuanto a como el hombre se sirve de él. Esto pone de manifiesto que en las sabidurías orientales se practica casi como o un rito lo que vengo planteando desde el inicio de estas notas.

El debate de la sociedad sobre la relación con su espacio urbano es un dato fundamental. De hecho el concejo de mayores en las concepciones tribales orientales se reunía para debatir con la presencia del pueblo, cual iba a ser el armado de las extensiones de la aldea y sus nuevos ejes de desarrollo considerando esos preceptos de respeto a los accidentes naturales. Algo que si analizamos tiene su correlato en nuestro reclamado Concejo Urbano Ambiental, legislado y permanentemente olvidado. No quiero terminar esta reflexión con una visión romántica del planeamiento pero al parecer muchos años después de aquellas visiones, la fusión de criterios culturales termina convergiendo en el concepto que la ciudad se construye en el debate público, los técnicos son solo los responsables de adaptar las tecnologías a esa voluntad social, y los gobernantes son solo los administradores de esa voluntad soberana. Algo para reflexionar.

Arq. Jorge Bader - Matricula CAPBA 4015


 

Sintoísmo, Budismo y Planificación urbanística
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