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La Auténtica Defensa. Edición del domingo, 17/dic/2017.
Parches
Por Arq. Jorge Bader



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Jorge Bader

El Código de Planeamiento no es una ordenanza cualquiera. Se trata nada más y nada menos que la regulación del desarrollo y el equilibrio entre intereses territoriales y edilicios. Un tema central para el crecimiento y la convivencia.

Finalmente sucede lo que no debiera suceder. Y la historia se repite. Tenemos sobre la mesa una propuesta de parche del Código de Planeamiento, que solo viene a remediar la falta de análisis profundo de la cuestión territorial. Y las responsabilidades le caben a todos los actores sin exclusión, los de antes y los de ahora y los que debaten y ya debatieron. Porque este código cuya validez vengo cuestionando desde que se empezó a modificar, fue aprobado en su momento a libro cerrado. O sea que falto análisis al momento de aprobarlo. Vuelvo al origen de la cuestión. El Código de Planeamiento tiene errores y no refleja la realidad de ningún Plan Territorial. Tiene conflictos estructurales con el cuadro de usos urbanos permitidos entre otras cosas, como el uso de bajos aluvionales, el tema distorsivo de las cocheras, los indicadores no coordinados, las alturas edilicias en algunos casos incoherentes, o la ausencia del tema de la plusvalía que varias veces desarrolle. Y más aun, repito, Campana no tiene un Plan Territorial. Y todo su desarrollo se ha basado en las cíclicas aprobaciones de excepciones o convalidación de hechos consumados o lo que es peor, la reestructuración de usos a demanda del interesado. Y quien tenga dudas al respecto simplemente tómese el trabajo de releer lo que hace año público. Se trata de algo más profundo que subir un piso más o habilitar un uso dudoso o con un "derecho consuetudinario", o lo que es peor, legislar para algunos. Nunca se ha puesto sobre la mesa de debate una verdadera modificación del tejido urbano que permita otros modelos de densificación con prescindencia de la altura como límite. ¿Qué tan difícil es pensarlo?

Hace unos años atrás presenté una propuesta para crear el Estudio de Impacto Urbano como una variante del los estudios de Impacto Ambiental, con el objeto de que existiera una herramienta técnica para evaluar realmente las posibilidades de las actividades productivas que no generan conflictos o que exigen algún cuidado para compatibilizarse en sus actuales localizaciones históricas, de hecho consta en uno de las pocas reuniones que tuvo el Concejo Urbano. Si esto se hubiera aprobado y llevado a cabo, hoy tendríamos un escenario distinto de permisos reales fundamentados. Lo permisos de excepción que se sustancian en un escritorio, siempre dejan olor a favoritismo, aunque no sea ese el espíritu. ¿Por qué debemos cíclicamente considerar las excepciones si tenemos un Código que se presumía tan maravilloso que fue aprobado hace unos años por muchos de los funcionarios de hoy, en su función de aquel momento?. Esto nos da varios interrogantes:. ¿No lo leyeron?, lo cual es desinterés, ¿Lo leyeron y no lo entendieron? lo cual es ignorancia o ¿No les importó? lo cual es desidia ¿Lo leyeron y no se asesoraron convenientemente? lo cual es soberbia. Cualquier escenario es malo. Esto nos demuestra que un Código no es un elemento estático sino un emergente de un proceso de planificación continua. Entrar ahora a emparchar es caer nuevamente en el insidioso juego cíclico de no tomar el tema con la responsabilidad e importancia que se debe. No se trata de una ordenanza cualquiera. Se trata nada más y nada menos que la regulación del desarrollo y el equilibrio entre intereses territoriales y edilicios. Un tema central para el crecimiento y la convivencia.

Hoy el ejecutivo, tendría dos herramientas administrativas sociales adicionales, el Concejo Urbano Ambiental, y la Agencia de Desarrollo. En ambos ámbitos se pueden sustanciar los debates sobre aspectos técnicos, reglamentarios e instrumentales, es decir que el proyecto urbano se puede consensuar en el debate con distintos interlocutores, y enriquecerse con múltiples visiones. No puedo dejar de hacer mención a un aspecto histórico, pero en distintas administraciones, (que se ponga el sayo quien le quepa, como decía mi abuela), se interpretaba que ejercer el poder público era satisfacer las decisiones del gobernante de turno, y no construir la idea desde el debate y la interacción colectiva. Esto separó casi con una brecha infranqueable las normativas urbanísticas de las necesidades reales de los sectores socio-urbanos comprendidos en esa norma, y terminó con una ordenanza de Planeamiento escrita en "Caja negra". Planificar en base al Código es un error. Las normas son resultados de un Plan Urbano, sean estas un Código o simplemente un Digesto de Ordenanzas Territoriales.

Ahora bien, si el Concejo Urbano no tiene presupuesto, no tiene una estructura vinculante, no tiene margen de maniobra proyectiva, no tiene inserción en la comunidad, no es creíble como estructura independiente y es un simple apéndice del poder público, en esas condiciones no tiene ningún sentido de existir, y nada puede aportar ya que con voluntarismo, los actores pueden participar o no, y pueden colaborar o no, según sus agendas personales y sus inquietudes sobre el tema. Todas las estructuras que se pretendan eficientes deben gerenciarse, y el Concejo urbano estaba pensado y propuesto así, de hecho se había planteado un cuerpo colegiado en su principio, propuesta a la que el poder público de ese momento no atendió transformándolo en un simple ámbito administrativo mas. Es más, lo convoco escasamente y nunca más se refloto. Si este ámbito existiera, con su forma operativa eficiente, hoy no tendríamos una política de parches sino una simple aprobación de consensos. Porque la realidad es que nadie le reclama a los actores públicos en cualquier poder que le toque actuar que sean especialistas en el tema. Para eso están los profesionales y las estructuras colegiadas participativas que permiten nutrirse de visiones técnicas y posiciones sectoriales de modo de tener un panorama amplio al momento de legislar. ¿Qué es lo que va a suceder entonces?. Aprobamos este parche y al año que viene aprobaremos otro y luego otro y así "Ad Infinitum" con lo cual dentro de unos años volveremos a tener un Código desdibujado y un Plan Urbano ausente, y entonces volverá algún funcionario mesiánico que nos dirá como se reformula otro compilado de normas que nuevamente se llamara Código de Planeamiento y así seguiremos a merced de un desarrollo errático basado en convalidaciones circunstanciales. Sigo preguntándome cuando nos pondremos los pantalones largos definitivamente para pensar políticas públicas basadas en la concertación, el análisis y la seriedad profesional.

Arq. Jorge Bader - Matricula CAPBA 4015


 

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