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Notas sobre el tenedor
Por Dr. Fernando Valdivia



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Fernando Valdivia

Continuando con la trilogía de cubiertos esenciales, hoy apuntaremos algunas notas básicas sobre el segundo de los integrantes de la mesa y cocina. El tenedor.

Recordemos que el cuchillo puede rastrearse mucho antes en la historia de los utensilios, aunque su uso no estuvo estrictamente vinculado con la cocina sino más bien como un arma de caza y desposte de las presas que llegaban finalmente a la mesa. En cuanto a la cuchara, vimos la semana pasada que su origen se remonta a alrededor del año 3.000 A.C. y que cumplió un rol esencial en la cocina de toda la edad antigua y la edad media, por su capacidad para servir y comer alimentos cuyo modo de cocción esencial era bajo el fuego. O, mejor dicho, por encima de él.

Del mismo modo que con la cuchara, bucearemos un poco en su historia del tenedor con la finalidad de encontrar sus usos presentes y, con ellos, la correlación con el tipo de alimentación actual.

Qué es y para qué sirve el tenedor

El tenedor es un utensilio de mesa y cocina que consta de un mango en cuyo extremo tiene "dientes" o puntas, en número variado, que es utilizado para pinchar y sostener trozos de comida antes de llevarlos a la boca o colocarlos en un plato. Los hay de muy variado tipo y se los utiliza para diferentes situaciones gastronómicas. De dos puntas, de tres puntas más cortas, de cuatro puntas, de cinco, de mango largo, etc. Y también se confeccionan en diferentes materiales, aunque predominan los metales por sobre la madera. Veamos un poco las principales tipos de tenedor: para pescado (menos curvo que el de mesa y más ancho), tenedor de carne (con la forma clásica de un tenedor de mesa pero un poco más grande y con los dientes algo curvados hacia el exterior), tenedor de pinchar (parecido a algunos tenedores y trinchas antiguas, pero adaptado para su uso con una sola mano), tenedor de ensalada (de amplia pala y con puntas más cortas, como si fuese una cuchara que termina en puntas, empleada también como auxiliar de la cuchara a la hora de servir esta preparación), tenedor de postre (que es como el de mesa pero de menor tamaño, y habitualmente fabricado con una púa menos, no tiene filo en sus dientes y se sitúa junto a las copas, para comer pasteles y tortas). Hay otros menos conocidos, pero que adquieren relevancia en otras culturas, como el tenedor de ostras, el de caracoles, el de espárragos o el de fondue, entre muchos otros.

Pero pese a su amplia variedad y especialización y a que hoy en día resulta ser una de las más preciados utensilios, su uso es muy reciente en la historia y, por cierto, costó imponerlo en sociedad.

Un poco de historia

Su origen es en Occidente y, pese a algunos antecedentes prehistóricos, se reconoce su ingreso a Europa a través de Constantinopla hacia el año 1.000 de esta era. Abundan los detalles historiográficos donde se relata que Teodora, hija del emperador de Bizancio Constantino X, lo llevó a Venecia en el momento de contraer matrimonio con Doménico Selvo, duque de aquella república. Se dice que Teodora, pese a sus refinados modales, fue censurada por este hecho por extravagante y porque el propio tenedor era visto como un "instrumento diabólico".

Más allá de esta primera pomposa introducción en Europa, se cree que fue Catalina de Médici quien lo introdujo en la corte francesa, al casarse con el rey Enrique II. Como curiosidad, se añade que además de usar el tenedor para comer, Catalina lo usaba para rascarse la espalda. Por esta y otras razones, la fama de cursi que tenía este utensilio lo hizo quedar en un segundo plano frente a comer con las manos. Al menos hasta entrado el siglo XVIII o principios del XIX.. Así pues, aunque lo veamos como un igual a sus compañeros de mesa, el tenedor es casi un recién llegado.

Qué puede decirnos hoy el tenedor en nuestras cocinas

Vimos que aunque el uso del tenedor es muy reciente, es claramente el utensilio que mejor se lleva con la mayoría de los platos que estamos acostumbrados a llevar a nuestra mesa, al punto que hoy nos costaría movernos frente a comidas sin disponer de alguno de ellos.

Como está básicamente diseñado para pinchar y comer vegetales y carnes, su uso pudo difundirse mejor a partir del momento en que los avances de la microbiología y la microscopía nos enseñaron el modo en que los alimentos podían contaminarse. Y con ello, el modo de evitarlo. Gracias a eso, se fueron incorporando los platos fríos y también aquellos calientes que no requieren de la necesidad de tener provenir de ollas en hervor. Grandes avances que fueron ampliando la frontera de nuestras experiencias gastronómicas.

Dr. Fernando Valdivia / Email: fv@fernandovaldivia.com / Sitio Web: www.fernandovaldivia.com


 

Notas sobre el tenedor
Por Dr. Fernando Valdivia
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