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La Auténtica Defensa. Edición del domingo, 04/mar/2018.
La nutrición como práctica de normalización social (Parte 2)
Por Dr. Fernando Valdivia



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Fernando Valdivia

Uno de los mayores éxitos de la industria alimentaria es el de convencernos de dos cosas: 1) que siempre hay una necesidad nutricional por satisfacer , y 2) que deben ser ellos quienes nos digan, precisamente, cómo debemos hacerlo. Como hemos mencionado en otras entradas, el rol de la industria fue determinante especialmente desde la mitad del siglo pasado, momento histórico en que una serie de hechos sociales y económicos llevó a un aumento de la demanda de alimentos cada vez más preparados. Es decir, alimentos y comidas que faciliten la vida en una época en la que resultó ser necesario estar más tiempo fuera del hogar, generalmente por cuestiones laborales.

Esa primera oleada de alimentos procesados rápidamente encontró adeptos felices de llevarse a la boca cuanto producto se incorporaba al mercado. La fórmula de la industria fue sencilla: alimentos elaborados con materias primas tan baratas como adictivas. Azúcar, harinas, grasas, sal y lácteos se transformaron en los ingredientes únicos de más del 80% de toda la oferta de alimentos. Las presentaciones y saborizaciones variaban, pero en esencia se trataba de fórmulas muy similares.

Resultado: contrariando la sentencia del viejo tango, este modelo alimen-tario mostró que veinte años fueron suficientes para hacer emerger enfermedades impensadas.

Obesidad y una larga lista de otras enfermedades crónicas asociadas a este estado sentaron la base, también, de una nueva era médica.

Los años que siguieron

Los productos alimenta-rios altamente procesados y elaborados en base a los insumos que mencionamos eran la causa de los problemas. Pero nos encontrábamos en plena euforia de crecimiento económico y el de los alimentos mostraba ser uno de los campos más fértiles para hacer mucho dinero fácil. Con un poco de publicidad y "buena onda" cada vez más personas ingresaban en esta cadena de montaje que nos tendría como rehenes y voluntarios colaboradores.

La rueda siguió girando. Así, la humanidad sería asediada por la mayor epidemia de toda su historia. Al menos en el occidente desarrollado las cosas ya resultaban dramáticas a mediados de los ‘60s. Las décadas que siguieron fueron de expansión de esta modalidad de enfermar poblaciones en tiempo récord. El resultado estaba cada vez más claro y permitió configurar una nueva maquinaria industrial tan eficiente como la industria alimentaria: la industria médica actual.

La Era de la Medicina

Millones y más millones de enfermos presentes y potenciales resultaban de un atractivo sin igual para una medicina que cada vez más se ocupaba de partes, preanunciando su devenir en la misma lógica mecanicista que la industria que la estaba alimentando de enfermos. Médicos cada vez más especializados en tratar enfermedades derivadas de un modo de alimentarnos cada día más alejado de lo natural. Pero aún así se redobló la apuesta. Pese a que los alimentos generaban las enfermedades emergentes, el negocio era tan monumental que nadie se animaría a plantear un cambio en la forma en que nos alimentamos.

Las empresas alimen-tarias, comprendiendo a la perfección el escenario, dieron comienzo a una nueva etapa: la de los alimentos especiales. Alimentos pensados para aportar menos calorías y grasas pero fabricados con los mismos insumos que antes.

Productos que no representaban la solución a los problemas sino tan solo un modo adecuado de correr el foco de la atención. Estos nuevos alimentos, con "diseño nutricional", requirieron de "vendedores" técnicos que operasen en el marco de esta dinámica que debía seguir produciendo enfermos.

Cereales con leche y azúcar

Las empresas alimenta-rias contaron con la ayuda fundamental de la ciencia de la nutrición, a la que financiaron con millones de dólares durante años (y aún lo siguen haciendo). ¿Qué buscaban? Pues mantenernos convencidos de que la mejor alimentación es la que está basada en los productos que ellos producen y venden: cereales y todos sus derivados, como los panificados y pastas, y lácteos en su gran cantidad de versiones. Todo ello debidamente azucarado.

La consecuencia de esta alimentación guiada por profesionales de la nutrición llevó a tener enfermos muy fáciles de estandarizar y de incorporar en las mencionadas cadenas productivas de las industrias médica y de laboratorios. Nunca antes en la historia económica mundial dos sectores se vieron tan perfectamente complementados para optimizar oferta y demanda. El problema es que se trata de personas.

Dr. Fernando Valdivia / Email: fv@fernandovaldivia.com / Sitio Web: www.fernandovaldivia.com


 

La nutrición como práctica de normalización social (Parte 2)
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