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La Auténtica Defensa. Edición del domingo, 16/sep/2018.
Opinión:
Dolarizados seremos menos desarrollados e igual de riesgosos
Por Mara Pedrazzoli



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Mara Pedrazzoli. Foto: Facebook

El jueves 13 el principal asesor económico de la Casa Blanca dijo sobre la Convertibilidad: "Eso funcionó en los 90, permitió bajar la inflación y mantener la prosperidad. Y eso es lo que necesitan hacer ahora". Difícil encontrar en economía nuevas recetas, nuevas ortodoxias, nuevos Fondos Monetarios y así sucesivamente.

El plan de Convertibilidad fue exitoso rápidamente en alcanzar la estabilidad de precios tras los episodios hiper-inflacionarios de 1989 y 1990. Pero dio lugar a un modelo económico basado en la apreciación real del tipo de cambio que desmanteló la industria nacional y dejó sin trabajo al 20% de la población activa.

Entre 2006 y 2014, con la reposición de un modelo económico basado en la industrialización, la tasa de desempleo descendió al 8%. Aunque cada vez menos impactantes, son innegables las ventajas para la población de los modelos que apuestan al desarrollo de la estructura productiva, con mejoras en términos de empleo y remuneración laboral, protección y fomento al comercio y regulación de los flujos de capitales y el endeudamiento.

Es cierto que la política económica del gobierno kirchnerista no logró mantener una sintonía fina que posibilitara la mejora de las cuentas externas (más allá del efecto de los precios internacionales), tampoco redujo la vulnerabilidad y volatilidad financiera, ni pudo mantener las cuentas públicas ordenadas. Pero ninguna de esas cuestiones están garantizadas con una dolarización.

Persistencia de las disparidades productivas

Salvo en etapas de contracción económica o de aumento del precio internacional de los productos agrícolas, el balance externo argentino es estructural-mente deficitario. Lo mismo ocurre en gran parte de la región y en las llamadas "naciones emergentes" consecuencia de una inserción "tardía" en el esquema de división internacional del trabajo que subyace al comercio.

No es sencillo imitar los niveles de productividad de las naciones desarrolladas, caracterizadas por procesos de industrialización de larga data y por la imposición de trabas a la transferencia de conocimientos o tecnologías hacia otros países.

La paridad cambiaria refleja en parte esas diferencias de productividad, con una tendencia a la devaluación en las naciones deficitarias que paulatinamente incentivará sus exportaciones. El "tipo de cambio nominal de equilibrio" que garantizaría hoy día el equilibrio externo argentino oscila en ARS/USD 80: es decir que se necesitaría una devaluación (adicional) del 100% para fijar la paridad en un nivel competitivo.

Tendencia a la apreciación del tipo de cambio real: primarización y desempleo

Como muestra la experiencia de anteriores planes de estabilización basados en la fijación de la paridad, el rezago de la inflación en el sector no-comercializable tenderá a apreciar en términos reales al "tipo de cambio de equilibrio".

La dolarización es exitosa para frenar la inflación en los bienes cuyo precio depende del tipo de cambio (los que se comercializan en el mercado externo o tienen insumos importados) pero opera más lentamente en el sector de no-comercializables (principalmente los servicios) cuyo precio sigue la pauta salarial, los ajustes en las tarifas de servicios públicos y otros precios de la economía.

Ese rezago inflacionario conlleva la apreciación del tipo de cambio real que, sostenida en el tiempo, atentará contra la producción industrial local, estimulando la entrada de importaciones y alimentando el desempleo.

Ese efecto rezago no debería desestimarse dada la coyuntura actual con recesión económica e inflación proyectada en un 50% anual.

Persistencia de la vulnerabilidad y volatilidad financiera

Progresivamente los desbalances externos tendieron compensarse con el ingreso de capitales financieros externos dada la imposibilidad de los gobiernos de sostener en el tiempo políticas de protección y fomento al comercio que permitieran diversificar el perfil exportador y reducir la dependencia de insu-mos importados conllevando una mejora del resultado de la cuenta corriente (ver gráfico).

Esa situación se potenciará bajo un esquema de dolarización con un tipo de cambio nominal estable.

A su vez, la vulnerabilidad (el contagio ante los movimientos de las monedas de otros países) y volatilidad cambiaria no serán apaciguadas. Si bien no se experimentarán cambios en la paridad, las diferencias de productividad reflejadas en los desequilibrios externos se traducirán en una caída de las reservas bancarias con impacto directo sobre la actividad. Si no ingresan los capitales, el país entrará rápidamente en recesión.

El riesgo país es autóctono

Los países europeos que adoptaron el Euro aún teniendo diferencias de productividad notables con el resto de la región sufrieron las consecuencias. Sin poder subsanar sus desbalances externos, accedieron al crédito internacional barato (inicialmente por operaciones del sector privado y luego por el endeudamiento público) pero luego no pudieron pagar sus deudas. El ratio de la deuda pública en relación al tamaño de las economías de los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Gracia y España) creció velozmente y en paralelo aumentó el riesgo país, provocando una brusca reversión de los capitales y el default de la deuda.

La prima de riesgo país es autóctona, más allá que la denominación monetaria sea regional. La dolarización no vuelve a un país menos riesgoso, vulnerable o volátil. Ecuador tiene su economía dolarizada hace 18 años y el riesgo país supera al de Argentina.

La dolarización tampoco garantiza la cohesión fiscal

El compromiso de mantener las cuentas fiscales "en orden", que contribuye si bien no garantiza el acceso al crédito internacional, no queda en modo alguno asegurado por la importación de una moneda fuerte. Si bien Argentina podrá acceder a financiamiento barato ya que se regirá por la tasa de interés de Estados Unidos, al igual que como ocurrió con los PIIGS, si los desbalances externos y fiscales persisten en el mediano plazo el riesgo país compensará el costo del financiamiento externo.

Mara Pedrazzoli / mara.pedrazzoli@gmail.com



 

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