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La Auténtica Defensa. Edición del miércoles, 07/ago/2019.
Te hago el cuento:
Con la literatura siempre de viaje
Por Marisa Mansilla



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Marisa Mansilla

En 1964 David Viñas publica por primera vez su magnífico "Literatura argentina y realidad política" (suceptible a numerosas reediciones y hasta cambios de título), cuya primer parte comprende una serie de ensayos referidos a cómo en la cultura y la literatura argentina la mirada permanente a Europa de diferentes viajeros desde la época colonial como lo fue por ejemplo Manuel Belgrano y más tarde serán Alberdi, Sarmiento, Mansilla y otros a los viajes emprendidos por escritores, periodistas e intelectuales de la izquierda nacional de la primera mitad del siglo XX, a posteriori de la revolución rusa, con el objeto de testimoniar el proceso político y el nuevo orden que se llevaba a cabo en Rusia que se suponía ofrecería un modelo posible a países de capitalismo periférico como los de América Latina, tienen resonancias fuertes en el panorama cultural, social y político de nuestro país.

El viaje a Rusia, según la Dra. Sylvia Saítta en "Hacia la revolución Viajeros argentinos de izquierda" ( Bs.As. 2007, FCE) inaugura una nueva forma de viajar, ya no se trata del viaje turístico consumidor o de formación estética o consagratorio de los escritores de la elite, e inaugura también un nuevo modo de narrar la experiencia del viaje. Saítta selecciona los relatos de Rodolfo Ghioldi que viajó a Rusia en junio de 1921 como delegado argentino en el III Congreso de la Internacional Comunista celebrado en Moscú; León Rudnitsky, periodista del diario "Crítica" dirigido por Natalio Botana, de nacionalidad rusa pero exiliado en Argentina después del fallido intento revolucionario de 1905 y que vuelve con una delegación a Moscú en 1927 para los festejos del décimo aniversario de la Revolución; Elías Castelnuovo, escritor y fundador del grupo literario de Boedo que viaja acompañando al médico rosarino Lelio Zeno invitado especialmente para trabajar sobre "cirugías de urgencia" y que publicará en 1932 "Yo vi… en Rusia (Impresiones de un viaje a través de las tierras de los trabajadores)"; Aníbal Ponce, teórico del marxismo, ensayista, crítico literario y periodista que a su regreso (1935) dictará conferencias con el título "Visita al hombre del futuro" y Alfredo Varela, escritor novelista de "El río oscuro" que será llevada al cine con el título de "Las aguas bajan turbias" y el protagonismo de Hugo Del Carril, así como periodista del diario "Crítica" que publicó en 1950 "Un periodista argentino en la Unión Soviética". En sus relatos, estos viajeros abordan temas que se transformarán en tópicos recurrentes: los temores que los asaltan en el cruce de fronteras, lo farragoso de la documentación que deben presentar que simbólicamente representa el pasaje entre dos mundos y dos tiempos, las escenas de arribo a destino que no son alegres ni distendidas a pesar de sus expectativas sino más bien llenas de dudas e interrogantes, aunque la postura ideológica previa al viaje abrazara el proceso revolucionario ruso por entender que una sociedad en la que prevalecen los intereses de la comunidad por sobre los de los individuos pertenecientes a los sectores de poder debiera garantizar la felicidad de todos sus componentes. Otro tópico que se repite en estos relatos es la comparación, la contrastación y la analogía para describir la sociedad de origen del viajero y la sociedad a la que se visita, es decir el predominio del procedimiento de la descripción de estos nuevos escenarios. El gran problema con que se enfrentan al no poder interactuar libremente con los habitantes de las ciudades que visitan es el idioma: no pueden leer un diario, asistir al teatro, hacer preguntas de la vida cotidiana en la calle y los gestos los pueden conducir a errores grotescos o situaciones confusas o equívocas. Castelnuovo dice del ruso que habla: "Entender, lo entiendo relativamente bien. Pero, se ve que al hablar lo asesino magistralmente, pues con cada uno que entablo una conversación, me pregunta indefectiblemente si yo vengo de Oceanía". Estos viajeros no son dandys ni turistas, son cronistas políticos y sus objetivos como viajeros y su posición ideológica quedan claramente explicitados en sus relatos.

En esta línea se inscribe el ameno y mucho más literario relato de Gabriel García Márquez "De viaje por Europa del Este", editado por primera vez en nuestro país en el año 2015 (Bs.As. 2015, ed. Sudamericana).El primer capítulo se titula "La ‘cortina de hierro’ es un palo pintado de rojo y blanco" desmitificando la expresión lúgubre de Winston Churchill en el Westminster College en 1946. Efectivamente, García Márquez estuvo en los años 1950 durante cuatro meses recorriendo los países del Este con una joven francesa de origen indochino diagramadora de una revista en París y con Franco, un corresponsal ocasional de revistas de Milán advirtiendo las diferencias entre Berlín Occidental a la que consideró "un laboratorio bajo la batuta de los EEUU", "una gigantesca operación del capitalismo" y "una minúscula isla occidental rodeada de Oriente" que le producía una increíble sensación de vacío. No obstante en la comparación entre la gran avenida bajo los tilos de Hitler en el Berlín Occidental y la avenida Stalin del Berlín Oriental esta última le parece un mamarracho de mal gusto, así como la chata y tosca arquitectura socialista. También recorren Praga y Varsovia -reconstruida después de haber sido sepultada bajo sus propias ruinas-, hasta llegar finalmente a Rusia, capítulo de su libro cuyo título ya es de por sí toda una descripción del panorama: "22.400.000 kilómetros cuadrados sin un solo aviso de Coca Cola". Reaparecerán entonces en su relato las escenas del cruce de fronteras y arribo, la adecuación de los relojes al horario ruso, las dificultades con el idioma y surgirá entonces una comparación o analogía inesperada y significativa entre la calma provinciana y rural de las aldeas rusas que le recuerdan a las aldeas de Colombia. Rusia no es Europa, ni tampoco era el destino europeo elegido por los sectores ilustrados o hegemónicos latinoamericanos del siglo anterior. Rusia es pobre así como la vestimenta de su gente, se vive en un estado que alguien califica de "estrechez provinciana" y aunque en la recepción en Kiev con muchachas que cantaban himnos y arrojaban cantidades de flores a los delegados occidentales que asistirían al Festival de Cine pretendieran construir una determinada imagen de felicidad, él no dejaba de pensar en cómo todo un país construía una "realidad ficticia" para ser mostrada a los extranjeros occidentales. Esta crónica testimonial de Gabriel García Márquez pone en escena también las controversias del pensamiento del escritor. Desde el diseño del itinerario que eligió realizar a cómo ve después el mundo que recorre y la experiencia que lleva a cabo en ese territorio hay una distancia enorme. No obstante los relatos de viajes, tan presentes en el sistema literario argentino como latinoamericano desde el siglo XIX hasta los de los viajeros a Rusia no son meros relatos costumbristas o una literatura menor, revelan los diversos caminos en la historia de los pueblos así como las diversas posturas ideológicas de los viajeros. Y al tomar distancia y perspectiva histórica -desde este presente a más del centenario de la Revolución Rusa- van demostrando que las palabras "revolución", "marxismo", "comunismo", "socialismo" u otros "ismos" ya no pueden significar "monstruos que se comen a los chicos crudos" sino procesos políticos y sociales , sistemas de ideas y marcos teóricos que circulan en los discursos sociales y por lo tanto en la literatura, que siempre nos ayuda a reflexionar sobre nuestra realidad inmediata, superando las lógicas distancias entre épocas.


“22.400.000 kilómetros cuadrados sin un solo aviso de Coca Cola", tituló "Gabo" sobre Rusia, luego de un viaje a la Europa del Este de 1950.


Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar


 

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