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La Auténtica Defensa. Edición del domingo, 16/feb/2020.

Huertas revolucionarias
Por Santiago Tomás Mengual




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Con la excusa de la presentación de su nuevo libro "Una huerta en mi terraza", Carlos Briganti pasó a conversar por el centro cultural "La Pachamama". Conectar con el vecino, instrucciones para bombas de semillas y la consigna de poner la palabra en práctica.

No tiene una casa con jardín ni una quinta de cultivo. Carlos Briganti (58) vive hace décadas en un PH de Chacarita, en plena Ciudad de Buenos Aires. Es allí donde tiene composteras de orgánicos y una huerta con verduras y frutales, su forma de combatir un sistema de producción y consumo que no comparte.

Lo primero que señala al entrar al centro cultural es que en el patio del fondo no hay ni huerta ni compostera. Todos los presentes nos miramos como chicos que saben que están en falta. Sólo 2 ó 3 manos se levantan cuando pregunta quienes tienen en su casa. Las miradas culposas se repiten.

Rápidamente diagrama un plan: Todos debemos comenzar a llevar nuestros desechos orgánicos al centro cultural semanalmente. Con un tacho de 200 litros y dos lombrices californianas en cuatro meses tendremos tierra fértil, la base necesaria para comenzar la huerta. Nos arenga y se compromete a volver en Septiembre para el armado final de todo. Y en su compromiso nos compromete.

INDEPENDENCIA ALIMENTARIA

"La bióloga hindú Vandana Shiva dice que producir tu propia comida es revolucionario" afirma y sigue: "No es una huertita inocente. Es un cambio de paradigma. La tierra es poder y es para quien la trabaja, como decía Zapata. Plantamos comida. Es una manera de resistir".

Su nuevo libro además de compartir conocimientos técnicos comprobados en su experiencia, busca mostrar lo fácil y económico de la actividad. Sus mejores macetas, por ejemplo, son cubiertas de auto que rescató de la calle. Resistentes al sol y livianas. "Lo mío está inspirado en la practicidad. Cada sociedad ha utilizado los espacios según sus circunstancias. Los incas producían los alimentos en terrazas. Fabricaban los alimentos en la montaña, con unos drenajes que hasta el día de hoy sigue siendo una maravilla. En el Amazonas, se produce en balsas hechas de caña, a la vera del río. Nuestro desafío es producir en los espacios de la ciudad. Tiene sus complejidades: depende más del riego, hay mucha exposición al viento, hay distintos problemas para solucionar y dar respuesta. Pero podemos demostrar que se puede producir alimento sin glifosato".

Los beneficios son exponenciales. No sólo se gana en salud, si no también en libertad: "El que tenga una huerta está cambiando el mundo. Descubrís que podés tener soberanía alimentaria. Descubrís que los insectos conviven sin ningún problema con los alimentos. Se comprueba que es muy fácil producir el alimento. Pero la huerta es también una excusa para decir: "No podés seguir tirando dos kilos de basura por día". Tenés que compostar, aún viviendo en un departamento. Si querés cambiar el mundo, lo primero que debés hacer es compostar".

EL PRIMER PASO

La huerta es el primer paso de algo más grande. Carlos es también difusor de la economía solidaria, una red que busca saltear a los intermediarios y las grandes cadenas formadoras de precio para conectar al consumidor con el productor local: "Practiquemos el comercio justo Tengamos nodos de "Más Cerca Más Justo" con los productores locales. Bolsones soberanos que arman productores locales con frutos de estación a un precio accesible. Eso es comercio de cercanía, lo contrario a comer en invierno sandías que para estar en la verdulería de tu barrio tuvieron que recorrer 2000 kms. Ese producto se encareció, vale más por todo el camino recorrido y el camión que la transportó emitió gases que suman al calentamiento global. Si no le compro ese verdulero en un momento no va a traer más. Nosotros tenemos cierto poder, podemos hackear al sistema. Lo tenemos que hacer con inteligencia, con estrategia. La economía popular es una de ellas".

El trasfondo del movimiento puede entenderse en clave social. Al comprarle al productor local le estas comprando a tu vecino: "No sostenes un oligopolio, a un formador de precios que si funde se vuelve a su casa matriz y despide a la gente si no a un productor local que reinvierte, que trabaja con su familia y tiene 2 o 3 hectáreas. Con mi bolsillo puedo hacer la diferencia. No se va a caer pero con mi plata no se van a sostener".

SALIR DEL GHETTO

Carlos tampoco está de acuerdo con el lugar donde se da la charla. Aunque le encantan los centros culturales dice que la próxima vez sería mejor que el encuentro se de en la calle, cerca del vecino. Esa es otra de sus obsesiones: Salir del encierro al que estamos acostumbrados, sea el departamento en el que vivimos o el grupo de personas que estamos acostumbrados a frecuentar y nos cobija: ¨Hemos perdido el foco. Pensamos que la revolución la vamos a hacer encerrados en ghettos. La revolución se hace puertas afuera, participando con la gente, activándola. Demostrándole que se puede producir alimento sano, seguro y soberano¨.

Otra de sus estrategias para acercarse a la comunidad son las bombas de semillas con las que junto a vecinos coloniza baldíos y basurales para llevar alimento comestible. Consiste en hacer con tierra arcillosa una pasta y a un puñado de humus agregarle semillas. Ese humus con semillas se recubre con la pasta arcillosa en forma de pelota y se deja secar al sol. Con la primera lluvia, la tierra arcillosa se moja y la semilla se activa con la fuerza que le dan los nutrientes del humus: ¨Salimos por Campana a generar vida. En 6 meses nadie lo puede creer, hay zapallos, gigantescos zapallos. Los medios van a titular "Reproducción exponencial de zapallos", no van a entender que pasa. Los pibes se prenden mucho, los grandes también. Es muy divertido!¨.

El discurso de Carlos se sostiene en un patrón: Realizar actividades que por fuera parecen simples, casi inocuas, pero que por dentro esconden un mensaje político fuerte. Y tal vez lo más importante: llevarlas a cabo de forma sistemática, como el trabajo de la hormiga. ¨Para hacer un cambio necesitamos gente que nos acompañe, aliados porque el darwinismo social nos ha metido que uno sólo puede hacer todo y es falso. ¿Les suena Galeano? ¿Qué decía? Pequeñas personas en pequeños lugares con pequeñas acciones cambian el mundo. A mi este mundo no me gusta, no sé a ustedes. Si no te gusta hay que empezar a cambiarlo¨.

El sol comienza a despedirse y junto a él, Carlos se va de Campana. Tiene un largo viaje hasta Chacarita y está cansado: antes de pasar por ¨La Pacha¨ dio dos charlas similares en Zárate. El encuentro duró sólo media hora pero la intensidad y la verborragia que maneja hizo que pareciera más.

Al irse, improvisamos una ronda de mates en la que nos preguntamos qué habíamos sacado en limpio. Todos coincidimos en algo: dejar la palabra y emprender la acción. Pie de foto: ¨No es una huertita inocente, Es un cambio de paradigma¨, afirma el reciclador.




 

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