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La Auténtica Defensa. Edición del martes, 19/mar/2013.

Correo de Lectores
Por Miguel Angel Dipaola




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Sr. Director

PRESENTE

De mi mayor consideración.

Solicito a Ud. publicar la siguiente nota, que será de interés educativo, profesional, empresario y general.

Aprovecho esta oportunidad para saludarlo cordialmente y deseo desde ya agradecer su colaboración con la cultura del trabajo.

LA SOCIEDAD DEL SABER

La aceleración del cambio, la desmaterialización de los intercambios y de los intercambios y de los sistemas de producción, la internalización de las relaciones, la continua evolución de los puntos de referencia y de las profundas transformaciones del mercado laboral, exigen una intensa búsqueda de mayor y más amplia competencia de acción de los profesionales del futuro.

Estas y otras mutaciones demandan por encima de todo invertir en inteligencia. En otras palabras, generan la necesidad de despertar, movilizar y educar la capacidad de inteligencia, tanto de las personas en particular, como de los sistemas políticos, económicos y sociales en general. Comienza a imponerse la movilidad como cultura y ésta requiere una capacidad de adaptación a la realización inteligente de una gama relativamente amplia de funciones, transfiguradas con el paso de los tiempos.

La mundialización de los intercambios, la globalización de las tecnologías y, en particular, la consecución de la sociedad de la información han aumentado las posibilidades de acceso de los individuos a la información y el conocimiento. Pero, al mismo tiempo, todos estos fenómenos conllevan una modificación de las competencias adquiridas y de los sistemas de trabajo. Para todos, esta evolución ha aumentado las incertidumbres. Para algunos, ha creado situaciones de exclusión intolerables.

En los años 60’ – 70’ se pedían esencialmente capacidades para realizas actividades definidas y vinculadas a una determinada profesión. Primaba la noción de tarea, sobre la de función integrada en el sistema de empresa. Era más importante la prescripción e instrucción, que la promición de corresponsabilidades e iniciativa dentro del sistema. Se compartía una visión de la organización de la tarea segmentada y aditiva y raramente se requerían dinámicas de interdependencia de acción entre funciones para preservar y mejorar el sistema – empresa.

A partir de la década de los 80’, comenzó a demandarse calificaciones que incluyesen conocimientos y destrezas para ejercer una amplia gama de actividades laborales. Una de las principales consecuencias de esta visión, fue la de valorar las calificaciones individuales en relación con las calificaciones estructurales e institucionales.

Desde entonces quedó patente que el aprovechamiento de la calificación de una persona depende estrechamente del entorno estructural donde pueda desarrollarla – oferta y demanda del mercado de trabajo – y de los ámbitos institucionales de formación – demanda y aprovechamiento de las calificaciones profesinales.

Desde el inicio de la década de los 90’, esta intersección de calificaciones impuso un profundo replanteamiento de los perfiles profesionales, que de forma progresiva tienden a definirse en términos de competencias.

Ya no basta con que cada individuo acumule al comienzo de su vida una reserva de conocimientos a la que podrá recurrir después sin límites. Sobre todo debe estar en condiciones de aprovechar y utilizar durante la vida cada oportunidad que se le presente de actualizar, profundizar y enriquecer ese primer saber y de adaptarse a un mundo en permanente cambio.

La motivación individual para aprender y la variedad de las ofertas de aprendizaje son las claves fundamentales del éxito del aprendizaje permanente. Es esencial incrementar tanto la demanda de aprendizaje como oferta, especialmente para aquellos que hasta ahora menos se han beneficiado de la educación y la formación.

Tanto las personas adultas como las jóvenes sólo planifican actividades de aprendizaje coherentes durante sus vidas, si desea aprender. Y no desean seguir un proceso de formación permanente si no disponen de ofertas educativas a las que puedan acceder por su calendario, ritmo, lugar, costo, etc. De ahí, la urgente necesidad de que los sistemas de aprendizaje se adapten a la menra en que la ciudadanía actual, siente, vive y organiza su existencia.

Ninguna institución, ni tan siquiera la escuela, puede pretender desarrollar por sí sola las competencias necesarias – Para cumplir el conjunto de misiones que le son propias, la educación debe estructurarse en torno a cuatro aprendizajes fundamentales….aprender a conocer, es decir ,adquirir los instrumentos de la compresión; aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas; por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge elementos de los tres anteriores.

Miguel Angel Dipaola

Director

Capacitación de Dipsol S.R.L.


 

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