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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 06/abr/2014 de La Auténtica Defensa.

En Diálogo:
La inoperancia del Estado, la presencia del odio. Matando buenos, matando malos
Por Mariano D. Raineri*




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Desde épocas remotas se intentó explicar porque el hombre salvaje se convirtió en un ser social, un ser que dejo la violencia, el individualismo, el aislamiento y la carencia de reglas de pervivencia, para comenzar a entablar relaciones colectivas con sus semejantes, acatando las reglas de convivencia que ellos mismos gestaban y entregando la potestad de la violencia a un eje rector que se encargaría de brindarle la seguridad ciudadana. Cientos de años han pasado y nos encontramos en nuestro país con una serie de actos vengativos cuyas víctimas resultan ser supuestos delincuentes. Con cierta lógica aparecen fiscales intentando perseguir a los grupos de vengadores que ahora son delincuentes dado que, si se producen lesiones o muerte y se configura un delito penal, se activa el sistema. De la misma forma que lo debe hacer el Poder Judicial cuando los actos violentos son sobre ciudadanos de bien y en ocasión de ser víctimas de algún delito. Valido es preguntarse porque el Estado mediante el Poder Judicial pareciera actuar más rápido contra los vengadores que contra los delincuentes, la respuesta devendría de analizar la realidad social del país. Y es allí donde encontramos que los ciudadanos de bien, en cantidad, son más que los delincuentes, y que si los primeros toman la venganza como un acto de única justicia, el estado termina por perder totalmente una de sus razones de existir, que es la de brindar seguridad y paz. El eje democrático se desvanece y la sociedad pierde su finalidad, paralelamente los ciudadanos le quitan el monopolio del poder y de violencia al Estado, para ponerlos nuevamente en sus bolsillos y usarlo a discreción ante lo que cada uno juzgue injusto o ilícito. Con el monopolio de la fuerza en manos de cada habitante comienzan los descontroles, porque las subjetividades terminan dando como resultado una guerra de todos contra todos. Por estas horas, el sentimiento generalizado es que el Estado parece estar ausente, pero la realidad nos demuestra que el estado está presente pero en forma deficitaria, ósea estamos ante un estado inoperante. Basta observar las medidas de los últimos años tanto de la faz social como cultural para destacar la carencia un resultado socialmente integrador, y esto, sumado a planes y políticas deficitarias en la faz de la Seguridad Ciudadana, dan como resultado que los habitantes se sientan desprotegidos y abandonados. Lamentablemente la desigualdad en estos modelos netamente consumistas resulta ser el eje de la violencia, mientras algunos quieren bregar por las buenas sendas para progresar otros lo hacen por el camino de la delincuencia, o buscando evitar la realidad lo hacen por el camino de los narcóticos prohibidos. Entiendo el cansancio de los hombres y mujeres de bien que salen diariamente a lograr el progreso respetando las reglas, como entiendo el temor con el que viven estos compatriotas de no saber si volverán a sus casas tal cual como salieron, lo que lleva a tener una furia interna casi ciega e indominable contra quien arrebata en un segundo un progreso que llevo mucho trabajo y el esfuerzo, cuando no arrebatan una vida. Sé que cuando un estado es inoperante en cualquiera de los rubros necesarios para lograr una convivencia social pacifica, el odio y el rencor comienza a gestarse en la mayoría de los corazones. Pero ciento que, si nos dejamos llevar por la sed de venganza generada por la inacción de un estado, estaremos pasando a ser parte de lo que queremos combatir, dejaremos de ser un SER SOCIAL y volveremos a ser un ser salvaje. Porque al actuar con sed de venganza, estaremos matando a un malo - si entendemos que por nuestra acción aleccionaremos a un delincuente para que no siga ese camino - pero también estaremos matando a un bueno, porque mataremos a nuestro yo de bien, nuestro yo social.

Facebook: mariano d raineri - Twr: @marianoraineri


 

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