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La Auténtica Defensa. Edición del domingo, 10/ago/2014.

Discapacidad. La actualización de la cuota alimentaria. Su aumento
Por Dra. Silvina Cotignola




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Amigos… para introducirnos en tema, previo a todo debemos saber que el deber alimentario deriva, en nuestro derecho, de tres grandes instituciones: la filiación, el matrimonio y el parentesco. En los tres casos, y siempre que la cuota alimentaria fuere pactada o establecida judicialmente, sea a favor del cónyuge, de los hijos con o sin discapacidades, o de un pariente, el transcurso de los años y las mutaciones que se presentan a lo largo de la vida, tanto de los alimentados como de los alimentantes, generan modificaciones de estas prestaciones, debiendo subsanarse tales circunstancias. Por tratarse de una obligación de valor, las cuotas alimentarias deben adecuarse a las nuevas realidades. Esto es que el deudor deberá procurar al acreedor alimentario el valor económico del bien con independencia de la suma monetaria que sea necesaria para cubrirlo. Este acomodamiento puede darse dentro del marco de un acuerdo extrajudicial como requerir nuevamente la intervención judicial.

Un tema esencial a la hora de evaluar la conservación del valor adquisitivo de la cuota alimentaria, resultará de la posibilidad de establecer una cuota integrada tanto por un monto en efectivo, como de rubros que el alimentante deba pagar en forma directa absorbiendo él, de esta manera, los mayores costos de éstos en forma automática.

Es factible, diría, procede solicitar el aumento del débito alimentario cuando se den algunos de estos presupuestos: Un dato a tener en cuenta a la hora de evaluar el incremento de la cuota, es el aumento del patrimonio o ingresos del alimentante. Este aumento puede estar dado por la percepción de una herencia o donación que conlleve una modificación en el patrimonio de aquel, aunque el solo aumento de éste no justificará dicho incremento, puesto que deberá tenerse en miras dos circunstancias: por un lado las necesidades de los alimentados y por el otro las posibilidades de los alimentantes. Es dable señalar que si bien el patrimonio o ingresos del deudor alimentario fueren exorbitantes, el monto de la cuota podrá elevarse hasta cubrir las necesidades, pero nunca sobrepasarlas. Del mismo modo, procederá solicitar tal incremento alimentario cuando los ingresos del alimentante fueren mayores que los considerados al momento de la fijación de la cuota anterior. Ello puede suceder por ejemplo cuando se hubiere visto aliviado del pago de sus cargas familiares, o de una cuota hipotecaria, etc. De igual manera pueden inducir a tal aumento las necesidades de los ali-mentados, pues ellas dependen de los avatares de la vida misma. Algunos supuestos especiales: La enfermedad del alimentado genera, en casi todos los casos, un incremento notorio en los gastos que éste debe soportar. No sólo se afecta el rubro salud en forma directa. Es posible que la situación de una enfermedad prolongada y grave imponga necesidades de todo tipo, que deben ser comprensibles de la cuota alimentaria, a saber: adaptaciones en la vivienda, necesidad de un acompañante, alimentación especial, tratamientos ambulatorios, aumento del gasto en los traslados, etc. Asimismo, si el alimentado fuere menor de edad con discapacidad, podrá requerirse prestaciones educativas o apoyo domiciliarios. Frente a una situación de enfermedad, debemos distinguir si estamos ante la necesidad de un aumento de cuota, en caso de que la enfermedad o la discapacidad sea permanente, o bien frente a un supuesto de gasto extraordinario, cuando se tratare de una situación transitoria y excepcional. En relación a problemas específicos de salud que no sean de carácter permanente, nuestra jurisprudencia sostiene que dichos gastos deberán canalizarse a través de alimentos extraordinarios y no del aumento de la cuota alimentaria. Es así que suelen admitirse como tales: los de la última enfermedad, los demandados por una intervención quirúrgica, la necesidad de cambiar de clima por razones de salud, gastos de internaciones derivados de un tratamiento prolongado. Concordantemente con ello habrá que tenerse en consideración los gastos extraordinarios consecuencia de tratamientos de ortodoncia, problemas en la vista o tratamientos psicológicos no cubiertos por la obra social o la prepaga médica. Otra variante de estos gastos puede ser el uso de lentes de contacto permanente para corregir y mejorar la visión.

Debe tenerse en claro que la mayor edad de los hijos trae aparejada aumento de los costos trasladando la carga de aquella prueba al padre que pretende sostener lo contrario. Por lo tanto, deberá ser el alimentante quien pruebe que en realidad no hubo tal aumento, a pesar del desarrollo físico de sus hijos. Cierto es que los mismos, en general, son consecuencia de la aparición de nuevas necesidades relacionadas con su alimentación, escolaridad, vestimenta, intensificación de las actividades recreativas y la ampliación de su vida de relación. Pero no obstante lo antedicho, la mayor edad permitirá suponer que éste tiene ingresos propios. Por la reforma de la ley 26.579/2009, se redujo la mayoría de edad de los 21 a los 18 años. El Art. 3º de dicha ley modifica el Art. 265 del Código Civil y dispone: "la obligación de los padres de prestar alimentos a sus hijos, con el alcance establecido en el artículo 267, se extiende hasta la edad de veintiún años, salvo que el hijo mayor de edad o el padre, en su caso, acrediten que cuenta con recursos suficientes para proveérselos por sí mismo". A pesar de que se mantiene la obligación de prestar alimentos para los progenitores hasta los 21 años, la ley trajo aparejados cambios significativos que afectan directamente el régimen alimentario. Así es que los ingresos del alimentado mayor de 18 años puede ser un factor eximente de obligación parental en relación al pago de la cuota alimentaria. Por supuesto, dichos ingresos deben ser suficientes para cubrir todas sus necesidades, ya que la extensión del deber alimentario en relación al hijo mayor entre los 18 y 21 años es equivalente al que tenía siendo menor de edad. Actualmente, a partir de los 18 años es el hijo quien tiene la legitimación activa, tanto para solicitar alimentos como para pedir su aumento, ya que cesa la representación legal de los padres en forma automática. Por lo tanto, frente a un proceso ya iniciado, los hijos deberán ratificar lo actuado por su padre o madre y decidir si continúan o no el proceso.

De resultas de lo hasta aquí sindicado es posible inferir que el aumento del costo de vida, consecuencia de los procesos inflacionarios padecidos por el país y provocado por el aumento masivo y generalizado de precios, tiene una influencia directa y negativa en la cuota alimentaria. Sin perjuicio de esto, en la actualidad conforme lo dispone la ley 25.561, se prohíbe cualquier clase de indexación o actualización de las deudas, haciendo lo mismo con las llamadas cláusulas de ajuste en las obligaciones de cualquier naturaleza pactadas o establecidas con posterioridad a la sanción de la ley. Al momento de ofrecer la prueba en un proceso de aumento de cuota alimentaria, habrá que diferenciar si la cuota vigente fue acordada por las partes en forma extrajudicial y luego homologada judicialmente o bien si se determinó judicialmente. En el primer supuesto, al no haberse desarrollado actividad probatoria alguna al momento de fijarse la cuota, la prueba deberá incluir no sólo la situación actual, sino que deberán acreditarse, en la medida de lo posible, los costos y la capacidad económica de ambas partes al momento del acuerdo. En cambio, si la cuota cuyo aumento se solicita fue dispuesta por autoridad judicial, la prueba podrá limitarse a acreditar las necesidades de los alimentados y la situación económica actual del alimentante y bastará ofrecer como prueba los autos anteriores sobre alimentos.

Un inconveniente recurrente a la hora de la determinación del quantum alimentario es la delicada tarea de determinar la cantidad necesaria para cubrir las necesidades del alimentado, a tenor de las posibilidades económicas del alimentante. Para ello habrá que procurar un prudente equilibrio entre las necesidades a cubrir y la aptitud del alimentante. Una buena opción para evitar futuros incidentes de aumentos de cuotas será la fijación de un porcentaje sobre los ingresos percibidos por el alimentante. Obviamente esto solo es factible si aquel labora en relación de dependencia. En dicho caso, la cuota abarcará, salvo expresa aclaración en sentido contrario, todas las sumas que por cualquier concepto perciba, incluyendo bonificaciones, premios, horas extras, asignaciones familiares; debiéndose calcular el porcentual sobre la base del sueldo líquido, deduciendo de la remuneración bruta los descuentos obligatorios establecidos por ley. Pero también existe otra variante, que es la fijación de dicha cuota contribuyendo algunos rubros en especie, por ejemplo, gastos de educación, prepagas médicas y gastos fijos de la vivienda. Ello evitará la actualización de la cuota porque aquella se incrementa en forma automática y conflictos derivados por su percepción.

Amigos… atento a lo comentado, puedo concluir diciendo que los procesos de aumentos y actualizaciones de cuota alimentaria son consecuencia directa no sólo de las realidades individuales, sino de los avatares económicos de nuestro país. La imposibilidad de establecer pautas de actualización nos lleva, en la práctica, al aumento desmesurado de incidentes de aumento de cuotas alimentarias afectando de ese modo, el nivel de vida de los alimentados. Frente a la realidad inflacionaria que vivimos, y teniendo presente que los índices oficiales se encuentran distorsionados, sostengo que es conveniente que sean los magistrados quienes recurran a índices aportados por consultoras privadas serias, a fin de constatar el verdadero aumento de precios y en especial cómo afecta esto a cada familia en particular. Mi propia experiencia profesional me demuestra que la fijación de rubros beneficia a ambas partes y resuelve la problemática derivada del aumento permanente del costo de vida, como los mayores costos derivados de la mayor edad de los alimentados. Es por tanto que prever siempre nos allanará el camino para la obtención de un mayor y mejor nivel de vida de quienes más nos interesan, nuestros seres queridos. Por ello sigo invitándolos a "EJERCER LOS DERECHOS PORQUE SU EJERCICIO NO CONSTITUYE MEROS PRIVILEGIOS" ¡MUY FELIZ DÍA DEL NIÑO!

DRA. SILVINA COTIGNOLA, ABOGADA ESPECIALIZADA EN DISCAPACIDAD Y FAMILIA. smlcoti@ciudad.com.ar



 

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