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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 11/oct/2014 de La Auténtica Defensa.

La Comedia de Campana:
45 años haciendo cultura, para recortar y coleccionar: De profesión Jugador
Fragmento Nº 7 :-)




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Tomé contacto con el hecho teatral cuando cursaba el quinto año del secundario...

En algún fragmento futuro contaré esa historia.

Ahora quiero referirme a algo que ha permanecido desde entonces enquistado allí adentro, en algún lugar, para generarme una impresión muy difusa de mí mismo... Una especie de posible contradicción que hace que la imagen que yo mismo tengo de mí sea seguramente menos clara y menos contundente que las imágenes que de mí se forman mis amigos, mis vecinos, mis relaciones...

Ése ha sido siempre para mí un nudo pendiente de resolución...

Sin pretender hacer de esto un trampolín hacia la psicoterapia, trataré de explicarme.

Cuando terminé la escuela secundaria comencé a cursar el año preparatorio para ingresar a la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. Mi objetivo era convertirme un día en "Ingeniero electromecánico con orientación electrónica". Había conseguido trabajo en una agencia marítima donde había una máquina de escribir eléctrica, una modernidad a la que hasta entonces yo había visto solo en fotos. Y, como no podía ser de otra manera, cada vez que tenía la oportunidad de quedarme solo en la oficina, me dedicaba a jugar con ese aparato que poco disculpaba la torpeza de mis dedos acostumbrados a la Olivetti convencional. Cada vez que oprimía la "a" me aparecían por lo menos veinte aes!

El caso es que, como siempre ocurre, lo que en principio parecía imposible se fue haciendo cada vez menos difícil; y jugando jugando, fue tomando forma una obra de teatro que finalmente escribí prolijamente, en varias copias hechas con papel carbónico, con la pequeña portátil "Remington Envoy" que mis padres me habían regalado cuando cumplí los 17...

Así nació "El Túnel", la obra con que el incipiente grupo al que habíamos bautizado como "Centro de Experimentación Teatral", primer embrión de "La Comedia de Campana", hizo su debut en público. También lo contaré próximamente.

Ahora sigo con la explicación de aquello tan confuso que planteé al principio.

En aquella época casi todos los días viajaba en tren a Buenos Aires para cursar materias de ingeniería.

Mis compañeros de facultad no tardaron en enterarse de mis andanzas por el teatro; y los más cercanos pronto empezaron a preguntarme cómo podía ser que, al margen de la carrera, extremadamente exigente en todos los sentidos, pudiera dedicarle tiempo al teatro, una disciplina que nada tenía que ver con la ingeniería...

Fue por aquel entonces que lo dije por primera vez: mi profesión es el teatro; mi hobby es la ingeniería.

A partir de entonces lo dije muchas veces...

Lo decía con algo de humor y quizá también con un disimulado deseo de llamar la atención...

Por aquel tiempo, muchas fueron las noches o las tardes en que me escapaba de alguna clase o aprovechaba el tiempo que mediaba entre una teórica y una práctica para zambullirme en algún pequeño sótano porteño donde se dictaba algún curso sobre teatro...

Es curioso como el tiempo hace cambiar algunas cosas: ahora caigo en la cuenta de que en aquellos años no se usaba la palabra "taller" que tanto se popularizó después... No había talleres! Parece que el término estaba reservado exclusivamente para la mecánica... No había talleres; lo que había eran cursos: curso de expresión corporal, curso de impostación de la voz, curso sobre el sistema de Stanislavsky, curso de teatro brechtiano, curso de escenografía, curso de luminotecnia, curso de teatro kabuki...

Pues allí andaba yo, hurgueteando en esas puertas que tanto me atraían, tratando de robarle a cada minuto un último segundo del tiempo libre que me dejaba la facultad...

Lo que en definitiva quiero decir es que mi vida se fue haciendo de esa forma, caminando por dos calles paralelas, alimentando siempre esos dos componentes: la profesión (para poder vivir) y el hobby (para poder jugar)... Pero teniendo claro que para el criterio común la brecha existente entre las dos las hacía incompatibles.

Obviamente hoy en día no tengo dudas de que mi profesión es el teatro. Y no es un secreto que me apasionan las computadoras, la Internet, la informática y los nuevos sistemas de comunicación...

Si bien ya no me planteo contradicción alguna, en algún lugar existe una especie de conflicto sin resolver... como si una parte de mí le hubiera robado algo a la otra parte...

Mirando hacia atrás el camino recorrido veo cuánto me aportó la ingeniería para mi desarrollo en el teatro!... Pero vaya uno a saber por qué prejuicios aquella dualidad, a la que incluso muchos me señalaban como contradicción, no dejaba de ser algo que no estaba bien!...

Con el paso del tiempo una y otra vez me encontré con directores, directoras, actores y actrices que eran a la vez ingenieros/as o físico/as...

En cada una de esas oportunidades me sentí feliz!

Supongo que lo tomaba como una demostración de que no estaba solo...

O porque podía comprobar que sí era posible abordar el teatro desde una perspectiva cientificista que en absoluto tenía por qué estar negada con el arte.

Aún me ocurre en el presente que cada vez que conozco a algún o alguna colega teatrista de quien me entero que es ingeniero/a, matemático/a o físico/a me invade una especie de alegría mezclada con una sensación de orgullo extraño... No es fácil de explicar...

En el fondo, tal vez se deba a que no termino de compatibilizar el trabajo con la diversión, la profesión con el hobby...

Cuando alguien me pregunta por mi profesión, tal vez lo más honesto sería responder: soy jugador; es decir, mi profesión consiste en jugar; vivo de eso... Pero parece ser que el idioma le reservó a la palabra jugador la acepción de un bicho no del todo virtuoso cuya vida y costumbres están reñidas con las buenas normas, modales y procedimientos...

Sin embargo, si vivo jugando, soy un jugador!

Seguramente alguien me habrá dicho alguna vez que no debía olvidar al niño que una vez fui... Y le obedecí...

Pero no me arrepiento!

Por algo será que no conozco a ningún colega que reniegue de su profesión y que no agradezca a la vida la posibilidad que tiene de acercarse cotidianamente a la felicidad.

Guillermo Rodoni

7 de octubre 2014



Carlos Carem y Guillermo Rodoni en una escena de la obra "El Amasijo", de Osvaldo Dragún.


Los dramaturgos Carlos Pais, Roberto Cossa y Sergio De Cecco, dando una charla para el público de Campana

 

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Fragmento Nº 7 :-)
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