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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 15/oct/2014 de La Auténtica Defensa.

La Comedia de Campana:
45 años haciendo cultura. "Soy hombre de teatro". Para recortar y coleccionar. Fragmento Nº 8 :-)
Por Guillermo Rodoni




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Hace mucho tiempo, cuando aún estaba yo en los albores, llegó a mis manos un libro que desde aquel momento en que lo leí ha permanecido grabado en mi memoria. Su lectura produjo entonces una fuerte resonancia en mí...

El hecho no hubiera llamado mi atención si aquella lectura hubiese ocurrido en la actualidad, con la experiencia acumulada...

Pero entonces, cuando todavía desconocía yo por completo cuál iría a ser el camino, es extraño que me llamara tanto la atención...

Se trata del libro "Soy hombre de teatro", de Jean-Louis Barrault.

¡Lo disfruté muchísimo!

Y sin embargo (supongo que tampoco es casual) nunca volví a leerlo...

Lo que recuerdo es que relataba anécdotas y hechos vividos por su autor a lo largo de su extensa y brillante carrera. Y pese a la enormidad de las distancias en todos los sentidos, sentí un notable emparentamiento, no con lo que yo había vivido sino seguramente con lo que entonces soñaba con vivir.

Giras, ensayos, estrenos, vivencias compartidas que hermanaban a los integrantes de toda la compañía y que hacían del grupo una especie de colectivo humano compacto y feliz.

El teatro es un arte muy particular...

Supongo que de todas las expresiones artísticas podría decirse algo parecido.

Pero indudablemente el teatro es diferente... No solo por tratarse de un arte colectivo, sino también por ser un arte que a su vez contiene a todas las artes...

En el caso del teatro, si bien el público disfruta con cada representación, la intensidad con que disfrutan los artistas que la protagonizan es mucho mayor aún!

Cada ensayo es una fiesta. Desde el primero, cuando ni siquiera conocemos el texto y no nos imaginamos aún quiénes seremos ni qué tendremos que hacer ni decir; hasta el último, antes del estreno de la obra.

¡Cada ensayo es una fiesta!

¡Pero qué decir del primer ensayo con luz! Cuando por primera vez sentimos en la cara ese calor maravilloso que nos produce la luz de escena, y cuando podemos gozar con el encandilamiento a que nos somete esa cuarta pared que de pronto empieza a resultar real allí, donde termina el proscenio...

¡Ese ensayo con luces sí que es una fiesta!

Pero... ¿y cuando empiezan los preparativos para el ensayo general?!

¡Borbotones de adrenalina nos inundan por todos lados! ¡El corazón palpita con fuerza inusitada!

Todos nos obligamos a disimular... a hacer como si nada pasara... porque en el fondo nos avergüenza reconocernos tan frágiles y sensibles a esa maravillosa aptitud para jugar que aprendimos a conservar cada vez más intacta en nosotros...

Cuando termina el ensayo general... la reunión de todo el equipo, el intercambio de impresiones entre el director, los actores, las actrices..., la charla... y esas ganas de seguir estando ahí, en la escena, el deseo reprimido de no abandonar nunca ese lugar, de no separarnos, de comprar algo para comer todos juntos allí mismo, en medio del olor a pintura fresca de algún trasto, a los cables recalentados por la potencia eléctrica... disfrutando de ese clima que solo tenemos el privilegio de conocer quienes alguna vez hemos vivido un ensayo general...

Y entonces.... ¡el estreno! El mágico, maravilloso, prodigioso estreno donde se dispararán al máximo las energías contenidas y donde cada lágrima, cada risa, cada reacción automática se dispara con la ligereza de un aliento...

El estreno de un espectáculo teatral es un hecho inconmensurable para quienes integran el elenco. Allí se pondrán a prueba todas las teorías elaboradas durante meses. Una vez más se comprobará que el teatro solo existe cuando el público está presente para borrarnos de un plumazo la imagen que habíamos imaginado de lo que iba a ocurrir... Para hacernos tomar conciencia una y otra vez de nuestra gran falibilidad al tratar de calcular las reacciones de un público que obstinadamente hace lo posible por mantenerse al margen de lo que nosotros habíamos previsto...

Y después del estreno, los comentarios, las charlas entre nosotros, la devolución que nos hacen los familiares, nuestros amigos...

¡Qué enorme entusiasmo! ¡Qué felicidad mayúscula!

¡Y la fiesta recién comienza!... Porque al otro día, superado ya aquel borbotón de emociones, esperaremos los comentarios de la crítica, indagaremos en nuestro proceso privado, veremos cómo mejorar tal cosa, reproducir tal otra, suprimir esto, cambiar aquello... Y continuaremos así en un camino largo que se reproducirá después de cada una de las funciones que realicemos.

Por si todo esto fuera poco, más tarde vienen las giras... Viajar todos juntos, compartiendo mate y sensaciones, reconociendo paisajes que al ser recorridos juntos con el elenco toman un colorido distinto, especial...

Las presentaciones en otros escenarios... para otros públicos... donde nadie nos conoce...

Descubrir una y otra vez cuán distinto es el público de aquí al de allá...

Quienes alguna vez hemos participado en un elenco de teatro independiente sabemos de esto y sabemos que no podremos renunciar fácilmente a esta actividad que nos ha prodigado tanta felicidad!

Ahora bien: Si esto es así, ¡cual será la intensidad de la vivencia cuando aquellas experiencias se van concretando en un grupo que se mantiene unido y compuesto por los mismos integrantes a lo largo del tiempo! Cuando además de todo empiezan a sumarse las historias vividas en común, la memoria colectiva!

De cada personaje que un actor encarna le van quedando pequeños resabios en su vida personal que no hacen más que enriquecerlo... Gestos, reacciones, palabras, ¡oraciones enteras!

Cuando el grupo se mantiene unido ese enriquecimiento se multiplica geométricamente.

El grupo adquiere ribetes de familia, de clan, de tribu, de patria, de animal colectivo...

Al cabo del tiempo el conocimiento mutuo, las búsquedas estéticas, la coincidencia ideológica son tales que la energía disponible para la creación artística se multiplica exponencialmente.

Volviendo ahora a lo que decía al principio, tal vez la lectura de aquel libro produjo en mí una especie de visión anticipada de lo que podría llegar a ser mi vida si continuaba dentro del mundo del teatro independiente.

Tal vez haya sido eso.

Si así fuera, eso explicaría por qué no lo he olvidado con el paso del tiempo. Y entonces, más allá o más acá de mi conciencia, aquel relato se habría convertido en una especie de brújula o de indicador del camino que quería seguir...

El caso es que, con más o menos éxito o con más o menos eficacia, he procurado que el grupo permaneciera lo más estable posible.

Claro que hay quien se va, así como hay quien llega. Pero siempre hay un núcleo que permanece...

¡Saludo a los grupos de teatro independiente que llevan muchos años en la actividad, luchando, estudiando, trabajando, ensayando, discutiendo, debatiendo, pero siempre en grupo!

Las características de la vida actual tienden a proponernos alternativas diferentes. Las cooperativas transitorias de trabajo son, en materia teatral, un ejemplo de tales posibilidades...

Sin embargo, pienso que jamás podrá una cooperativa transitoria alcanzar la profundidad, la raíz y la huella por la que va andando un grupo que, con años de añejamiento, va sedimentando en experiencia propia toda la teoría y toda la práctica vivida por cada uno de sus integrantes.

Por si esto fuera poco, si pensamos en la tremenda soledad en que el sistema de vida contemporáneo se esfuerza por aislarnos a unos de otros, el grupo se transforma de por sí en ejemplo de resistencia...

La vida se va encargando de hacer que, al cabo de muchos años de búsqueda en común, sean pocos los actores y pocas las actrices de aquel grupo inicial que aún lo integran.

Sin embargo el grupo continuará su marcha, más allá de todo, buscando un horizonte que, a medida que avanza, siempre está lejos, pero siempre adelante!...


Mauricio Cruzado, Maryta Matas, Ernesto Juárez, Cristina Dramisino, Raúl Bullosa, Adriana De Pánfilis y Guillermo Cartes en el saludo final al finalizar el estreno de "El Gran Deschave".


Guillermo Rodoni, Ana Barrionuevo, Luis Acuilán, Ivana Knop, Adrián Parravicini, Hernán Scordo, Alejandra Dip y Sergio Coltelli.

 

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45 años haciendo cultura. "Soy hombre de teatro". Para recortar y coleccionar. Fragmento Nº 8 :-)
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