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CAMPANA, BS. AS., ARGENTINA
martes, 11/may/2021 - 19:08
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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 19/nov/2014 de La Auténtica Defensa.

Pan del Alma: "Cada escuela nueva que construimos nos deja el dulce sabor de la esperanza"




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Llegan a donde nadie llega, construyen una escuela, izan la bandera argentina y luego regresan a casa para comenzar con un nuevo proyecto para el año que viene.

A 1200 Km de Campana se encuentra ubicada la ciudad de San Vicente, en la provincia de Misiones. A 25 kilómetros del centro cuesta arriba en la picada El Yerbal Nuevo vive una comunidad guaraní conformada por 30 personas, aisladas del mundo exterior, sin agua corriente, sin gas, sin luz y sin ningún tipo de comunicación más que la lengua nativa. Algunos, muy pocos también hablan dialectos del Paraguay, Bolivia, Argentina y Sur del Brasil.

Hace muy escaso tiempo le construyeron un puente colgante para cruzar un arroyo que muchas veces suele tenerlos en jaque, se han perdido vidas y han pasado hambre al no poder cruzar a la civilización por algunos días o semanas. Ese sufrimiento ya terminó, un niño enfermo de meningitis murió luego de que el cacique cruzara a nado y lo llevara hasta el pueblo, no pudo llegar a tiempo y cuando volvió la trajo con los ojos cerrados en una pequeña caja de madera que el agua le arrebató de la manos cuando ya estaba en el medio del arroyo; caminó por la costa y lo recuperó, pero esos momentos desesperantes no se olvidan.

Aun así siempre tuvieron la necesidad de un lugar cálido, cómodo y digno para que sus hijos pudieran estudiar y desarrollarse.

Mientras tanto en la Aldea Yvyraty, el maestro Mauro Zukowski construyó una página de Facebook donde mostraba las condiciones en las que daba clases en ese lugar tan inhóspito; y esas fotos llegaron a la vista de la ONG Pan del Alma, quienes no pudieron evitar sumar la realización de una nueva escuela junto a la ya programada para el 2014, a pocos kilómetros de ahí en El Soberbio sumando en total dos escuelas más a las siete que ya construyeron en otras provincias como San Luis, Formosa, Jujuy y Chaco.

Yvyraty en la lengua guaraní significa "arboleda", y precisamente eso es lo que hay en la zona. Luego de recorrer la picada que solo se puede hacer con motocross o vehículos 4x4, los voluntarios de Pan del Alma llegaron hasta el lugar con la ilusión de que todo sería más fácil hasta que se encontraron con la primera barrera, la crecida del agua. Cómo cruzar con toneladas de prefabricados de hierro, bolsas de cemento, chapas y placas de madera. Casi sin llegar no había otra cosa que pegar la vuelta, pero evidentemente el destino de esos niños ya estaba escrito.

Un grupo de personas que conforman una agrupación denominada Automotokart de la ciudad de San Vicente, con vehículos especiales del tipo Jeep pusieron toda su tecnología al servicio de la ONG campanense y cruzaron las cosas con carretones por el arroyo para ser trasladado todo a mano por unos 500 metros ascendentes.

Tierra de árboles y de mariposas multicolores que se posan constantemente en cada uno de los voluntarios, sol, humedad, mosquitos y jejenes que aún a días del regreso han dejado sus marcas en cada brazo de los que estuvieron allá.

Con solo 38 años, Pablo Alejandro Saya es el cacique de la tribu, Dosantos Patricia de 34 años es su mujer, quien le dio solo 7 hijos. Tiburzio Saya de 62 años es el consejero del cacique y una mujer adulta, que habla despacio pero con convicciones y experiencia es la consejera espiritual.

Luego de una jornada larga de subidas y bajadas, tras haber reparado un viejo carro de buey, los panaderos del alma se pusieron a construir lo que hasta ahora era solo un sueño para los lugareños. Una escuela digna, también les trae una educación digna y una comunidad a la cual se le sumaran otras familias de pueblos originarios que están convencido que desde ahora habrá un futuro más próspero.

Unos chicos valientes cruzan el puente con una bicicleta pequeña donada por el grupo, que seguramente alguien regaló y otra persona cargó en el camión que trasladó voluntariamente todos los elementos para la construcción de las dos escuelas. Uno de ellos lleva puesta la camiseta de River, el mismo que viajó a la cancha y le regalaron indumentaria deportiva firmada por los jugadores. Hace semanas que no se la saca, pero esa es otra historia. La nuestra sigue en cada hierro plantado sobre tierra colarada, en la cima del monte, donde en solo 4 días una escuela completamente nueva dejaría atrás el viejo salón de madera dura, construida con tablones cortados a motosierra y que aún deja colar la luz, y el calor selvático.

Aun así donde solía volar el polvo de la tiza ahora, en un futuro cercano ser verán volar partículas de harina, ya que se convertirá en el comedor para estos alumnos que solo conocen el sabor del "reviro", un desayuno a base de harina y sal que se cocina a fuego lento revolviendo hasta que la masa quede en pequeñas partes como granulada, tiene un contenido graso muy alto y acompañado de un mate cocido logra saciar el estómago por largas horas.

Una letrina se pierde entre la maleza, algunas yararás y serpientes de coral ya fueron atrapadas días atrás antes de la llegada del hombre blanco. Viajamos cientos de veces con botellones de plásticos hacia el bajo, donde está la vertiente de agua entre el barro. Alimentándose de frutas y agua es lo único que permite trabajar en esas condiciones climáticas.

El ruido de un grupo electrógeno que logra dar electricidad a las herramientas como las sierras, cortadoras, moladoras y taladros se hace parte del tranquilo paisaje que dejaron abandonado las aves autóctonas.

Un solo perro, flaco se lleva los agravios y retos de aquellos que se descuidan con algo de comida cerca del suelo; algunos guaraníes ayudan, otros se quedan mirando desde la sombra cercana. Los hombres construyen, paran un rato por turno y siguen hasta el ocaso. Pican los jejenes que se burlan de los insecticidas lavados por la transpiración mientras se va cambiando el paisaje.

Llega el día del final de obra, todos se arriman un rato más temprano, esa noche hubo cena con los amigos de los Jeets; desde la mañana se avanza con los detalles, el baño ya con inodoro será analizado por los nuevos usuarios para ver de qué se trata. El techo de chapa, los aislantes de temperatura, las ventanas, el trabajo de la madera, todo un lujo, comienza a revelarse el placer que tienen los hombres de ver el trabajo casi terminado y esa hermosa sensación de volver a casa con la familia.

Ya se asoman los guardapolvos blancos, un rato antes se vio a los chicos desfilar para el lado de los arroyos, se ponen de fiesta, la fiesta de la aldea que supo dar la bienvenida y ahora la despedida a estos hombres que vienen a construir un futuro mejor a cambio de nada. Inexplicable para ellos que están acostumbrados a otro tipo de tratos y de desconfianzas.

Los jóvenes médicos mochileros parten entre el monte, habían llegado el día anterior abriéndose paso entre la maleza a fuerza de machete. Una joven había quedado revisando a esta tribu mientras que el muchacho se marchó hasta otra comunidad. Ahora partieron los dos, dejaron instrucciones para tratar algunos problemas de salud.

Beber agua de vertiente a veces no garantiza la cantidad de yodo necesario para la vida, lo que produce problemas glandulares y puede producir bocio, el uso de la sal de cocina yodada en productos alimenticios puede eliminar el inconveniente.

El director de la escuela principal se hizo presente, el cacique, los consejeros, los alumnos, el presidente de la ONG Juan Todone, todos los voluntarios constructores y un mástil izado con tres banderas, la Argentina, la de la provincia de Misiones y la que representa a Andrés Guazurary el primer caudillo federal de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el único de origen indígena en la historia Argentina.

Todos en ronda fraternal, la primera bandera se mezcla con el cielo perfecto, el canto a la bandera esgrime las primeras lágrimas de esos hombres aparentemente rudos. Palabras de bienvenida y de partida; el cacique se dirige a los presentes, agradece y lanza un mensaje esperanzador de una aldea que crecerá alrededor de la escuela.

La consejera habla despacio pero con palabras que surgen del corazón y de la creencia de un Dios, creador de todo lo que los rodea y luego en conjunto nos brindan un canto nativo acompañado con un solo tono de guitarra y un palo de lluvia que acaricia el sonido del viento tenue en cada movimiento de la joven que lo sostiene.

Los hombres blancos lucen el collar que el cacique les regaló hace un par días, están hechos con semillas que intercambian entre los pueblos originarios en sus largas reuniones regionales. Llegan los abrazos, las promesas y el compromiso de cuidar esta pequeña escuela que quedó allá arriba en un paisaje donde un nuevo establecimiento se mezcla con los viejos tablones. Las chozas, palmeras y gallinas pequeñas se van perdiendo de vista; por última vez, al menos por un tiempo, cruzamos el puente colgante.

Las camionetas 4x4 se van perdiendo en la zona boscosa, las plantaciones de tabaco, yerba mate y té nos muestran las cercanía de una ruta llamada la 14, las misma que nos traerá de nuevo a casa junto a nuestra familias, las que nos acompañan en esta realización de sueños que empezó con un comedor en la villa campanense y terminó en los lugares donde nadie llega, ni siquiera los que tienen la obligación y el compromiso adquirido por el voto de confianza depositada por la gente, la misma gente que en su conjunto suman el verdadero gentilicio argentino.

Personas que construyeron la escuela Yvyraty en San Vicente: Juan Todone, Alexis Fazio, Fernando Nicolas Díaz, Ricardo Ceretto, Marchan Roberto, Charly Schneider, Mariano Casas, Ramón Suarez, Roberto Mutuberría, Claudio Capoano, Arístides Zago y Mariana Sereno.

Personas que construyeron la escuela en el Sovervio: Omar Guevara, Angel Trovellesi, Carlos Martínez, Fernando Martínez, Alberto Enares, Eduardo Mosqueira, transportista Ruben Carabajal, chofer de la traficc Carlos Calveira, colaboración Gonzalo Bono entre otros.

Charly Schneider


El consejero del cacique despidiendo a uno de los medicos macheteros.


A plena tarea uno de los integrantes de la ONG a poco de terminar la obra.


Pablo Alejandro Saya es el cacique de la tribu, habló con el grupo y le hizo un presente hechos con semillas.


Grupo de Pan del Alma que construyó la escuela


El grupo de Automotokart recibió a los voluntarios de Pan del Alma.


Cuesta arriba los voluntarios suben parte de las herramientas para construir la escuela.


El puente colgante testigo del trabajo pesado.


Tambien llegó el fútbol con una pelota donada y firmada por un jugador campanense.


Un niño guarani junta agua para beber junto a los trabajadores bajo el sol reinante.


La inauguración de la escuela.


Alumnos y consejeros cantan una canción de despedida en su idioma guarani.


Escuela Nº 653 El Sobervio Misiones


Equipo de trabajo en El Sobervio.

 

Pan del Alma: "Cada escuela nueva que construimos nos deja el dulce sabor de la esperanza"
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