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La Auténtica Defensa. Edición del domingo, 22/feb/2015.

En torno a la Polis y la felicidad: Aristóteles y el concepto del ser humano como animal político
Por Lic. Ana Carolina Erregarena




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Sabemos que Aristóteles nace en Estagira (Macedonia) en el año 384 antes de Jesucristo. Hijo de un médico llamado Nicomaco, desde su infancia siente interés por los temas científicos. A los 17 años se traslada a Atenas, como discípulo de la escuela platónica. En el momento de la muerte de Platón, 20 años más tarde, y debido a desavenencias con su sucesor, Espeusipo abandona la Academia y Atenas, trasladándose a Misia donde crea un importante centro intelectual. En el año 335 A.C. vuelve a Atenas y crea la Escuela El Peripatos. Preceptor de Alejandro, a su muerte y ante la caída en desgracia de los mecedonios, se ve obligado a abandonar Atenas de nuevo, e instalarse en Calis en la isla Eubea donde muere en el año 322.

Aristóteles define en su obra "Política" el concepto de ciudad como unidad política suprema. Mientras todas las asociaciones buscan un fin específico particular, la ciudad busca el fin supremo que implica a la totalidad: la felicidad de todos los ciudadanos. La polis era para un griego clásico la forma de organización política acabada mientras que las estructuras estatales extensas como los imperios no son consideradas aún por Aristóteles como formas de organización política libres, pues son demasiado extensas como para que el ciudadano pueda participar políticamente.

Luego de definir la polis y su finalidad, Aristóteles tiene por objeto analizar su origen y su necesidad. Todos los hombres buscan asociarse para permanecer vivos, la primera asociación natural es la familia que es buscada para la procreación; después las familias se asocian entre sí para asegurar su subsistencia. A partir de estos clanes de familias surge la ciudad y aparecen leyes comunes para la convivencia. El hombre es un ser social por naturaleza ya que no puede vivir aislado y sin contacto social; aquel hombre que desprecia la vida en sociedad sólo puede ser suprahumano como un dios o un héroe, o infrahumano. El hombre es un ser social como lo son otros animales gregarios pero Aristóteles sostiene que el hombre lo es en mayor medida que el resto de los animales, ya que el hombre además de ser un animal social es un animal racional. La razón empuja al hombre a buscar lo justo y la justicia constituye una virtud social de tal manera que el ser humano necesita de la vida social no solo por ser naturalmente un ser social sino también porque busca la justicia, algo que sólo puede encontrar en la sociedad.

Por lo tanto, la ciudad no es algo convencional sino que es natural, incluso más natural que la familia, y por supuesto más natural que el individuo ya que aunque la familia y el individuo sean anteriores en el tiempo, la ciudad es autosuficiente; ni el individuo ni la familia lo son. Además, la ciudad cumple el fin total que los individuos y las familias solo persiguen parcialmente: la felicidad.

Aunque todos los hombres son sociales y racionales no todos los seres humanos son ciudadanos. En una ciudad, se considerarán ciudadanos a aquellos individuos que participen del gobierno y de la justicia; es decir, aquellas personas que deliberan y deciden en los órganos de gobierno o que participen en los tribunales. Son excluidos mujeres, esclavos y extranjeros.

El problema fundamental de la polis es la regulación de las desigualdades. Todo el mundo reclama justicia y si alguien se subleva contra el gobierno de la ciudad es porque lo considera injusto; también es cierto que todos consideran a la justicia como una cierta igualdad, motivo por el cual, si la ciudad ha de buscar la igualdad deberá saber administrar las desigualdades de sus ciudadanos. La justicia será tratar igual a los iguales y desigualmente a los desiguales. Para Aristóteles, existe tres clases de desigualdades: la desigualdad económica, la desigualdad en virtud, y la desigualdad numérica. Junto con estas desigualdades, el político debe tener en cuenta que existe una igualdad básica entre todos los ciudadanos en cuanto tales ciudadanos sean libres; armonizar equitativamente esta igualdad con las citadas desigualdades es lo que se denomina justicia en la ciudad.

Aristóteles creerá que el mejor sistema político será aquel en donde los mejores gobiernen pero como es difícil determinar quienes sean los mejores y encontrar hombres que se destaquen excepcionalmente del resto, el discípulo de Platón admite que un pueblo reunido puede gobernarse bien. La razón es que aún cuando individualmente las personas sean mediocres reunidas en conjunto pueden llegar a ser mejores y más sabias que en forma solitaria, pues en la deliberación pública podrán ver los pro y los contra que a un individuo aislado no se le ocurriría y podrán encontrar soluciones originales que pueden pasar en forma inadvertida de modo particular. Sólo en masas de hombres corruptos es improcedente la deliberación pública. Además, aunque sobre ciertos asuntos delibera mejor el experto que la masa, se advierte que aquel que vive en una casa sabe juzgarla mejor que el arquitecto, motivo por el cual, podríamos admitir que aquellos que viven en la ciudad, los ciudadanos, puedan juzgar los asuntos de la polis.

En todos los sistemas políticos correctos, para que la ciudad no se fracture en facciones de ricos y de pobres, debe haber abundancia de clase media. No importa que existan ricos y pobres siempre que unos y otros sean pocos. La clase media es aquella que da estabilidad al sistema político, pues es enemiga de las revoluciones. Otra virtud de la clase media reside en que en la ciudad en donde todos tengan suficientes recursos para vivir bien sin lujos excesivos, evitará la envidia entre los ciudadanos y reinará la concordia social, la cual permitiría una convivencia pacífica.

Lic. Ana Carolina Erregarena


 

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