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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 01/ago/2015 de La Auténtica Defensa.

Educar en Contextos Desfavorables es mucho más que eso
Por Lorena Barrera, docente y escritora




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Muchas veces me trago las lágrimas y trato de pensar que la diferencia entre la mejor y la peor clase consiste en no perder la humildad en ningún momento tampoco la capacidad de asombro ni el compromiso educativo, sin dejar de ser el capitán del barco porque educar es siempre un acontecimiento en una realidad muy compleja.

Después de casi 17 años educando en contextos desfavorables, comienzo a entender que algunas cosas no son como se piensan. Cuando vamos a educar a una escuela con desfavorabilidad lo primero que tenemos que tener en cuenta es precisamente eso, que existe alguna desventaja. Puede tratarse de la distancia para llegar, caminos intransitables, muchos kilómetros o cruzar el río, pero eso no dura más que el tiempo que tardamos en llegar, después viene lo peor, lo que pasa adentro. Adentro hay un micro mundo, y en el noventa por ciento de los casos hay pobreza de dos tipos: esa pobreza digna, la de los chicos que están insertos en familias que se esmeran y se ocupan mucho de ellos y de su formación y, la otra, la pobreza del enojo, la que insulta, la que los mantiene enojados todo el tiempo y entonces lo difícil se torna doblemente difícil, ahí uno reconoce la clase de docente que es y que la patria se hace con nuestro esfuerzo y con valor al comprenderlos ante todo, aunque esto cueste mucho . Después de tantos años me pasaron mil cosas, pero atesoro tres casos que me sirven de ejemplo y de bandera: el de Jonathan, el de Alejandro y el de Melany (por llamarlos con algún nombre). Era domingo a las 23 horas y yendo a guardar mi auto veo a Jonathan juntando cartones en un carrito, lejos del centro de la ciudad. Al día siguiente veo a Jonathan en mi clase bostezando y muy cansado por lo que le pregunto ¿Jonathan estas cansado? Y él responde, "… sí profe, es que anoche fui a ver a "La Mosca" que tocaba en la escalinata de la plaza…". Otro lunes, muchos años después Alejandro se dormía en la clase por eso lo aparté y le pregunté que le sucedía y Alejandro respondió "… Pasa que ayer estuve todo el día hachando leña para toda la semana para la salamandra que usa mi mamá en casa para cocinar…" Hace poco Melany de desmayó en mi clase de las 4 de la tarde. Cuando logré reanimarla y camino a su casa mientras la trasladaba me confesó que no comía nada desde las ocho de la noche del día anterior. Cuando se la dejé a la mamá no necesité preguntarle por qué motivos la nena no había comido, creo que tampoco había comida para la mamá. Recién camino a mi casa pude llorar, pero por los tres y por cada caso, por cada galletita que comparto, por la ropa que les conseguimos, por cada cosa que en silencio hacemos todos los docentes que trabajamos en estos contextos, héroes los docentes y héroes los chicos que asisten muchas veces con frio, otras con hambre y que saben que en la escuela van a encontrar un poco de calor humano y un plato de sopa, una torta frita y un beso que siempre es retribuido con una gran sonrisa .A esos chicos los conocemos de verdad en pleno invierno cuando vemos como llegan a la escuela, esa remerita cuello agrandado debajo de un buzo viejo que no abriga nada y entonces viene el abrazo y con él mi calor humano y la pregunta tonta y obvia ¿ porqué viniste así, no tenés frío?. Claro que el frío es apenas algo de lo que en verdad les pasa ese día. Lo último me pasó ayer, estaba en un negocio comprando y entra Rocio, una alumna que había tenido durante tres años, víctima de muchas cosas en la vida, abandono, depresión, abuso y con un futuro que según ella, no era más que la oscuridad, Rocio al entrar iluminada me dijo: "Profesora tuve un bebé y sabe qué…tiene ojos celestes". La felicité, la abrace fuerte y le deseé lo mejor de la vida porque para Rocío esos ojitos celestes eran el cielo, UN CIELO LLENO DE ESPERANZA.


 

Educar en Contextos Desfavorables es mucho más que eso
Por Lorena Barrera, docente y escritora
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