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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 20/sep/2015 de La Auténtica Defensa.

Rodando Sudamérica con "Aurora": Dos años viajando en motorhome
Por Pablo Andrioli

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Código QR de acceso a la revista del viaje. | Link: https://bit.ly/1WaSWfY

Uno de los grandes placeres de la vida es viajar, sin lugar a dudas. Lo habitual suele ser, ya sea en forma de vacaciones anuales o de pequeñas escapadas en fechas propicias. Un cambio de aire, abandonar temporalmente nuestros circuitos habituales para conocer nuevos lugares y personas.

Pero Adrián y Silvana decidieron viajar de otra manera, una experiencia de vida más enriquecedora que una simple escapada de descanso, algo que también requirió de una gran fuerza de voluntad, espíritu de aventura y determinación. Renunciando temporalmente a todo lo que los aferraba a un lugar, emprendieron una aventura de dos años recorriendo Sudamérica , partiendo con escasos recursos económicos y "haciéndose camino al andar", como decía don Antonio Machado. El viaje lo realizan en su propio motorhome, un viejo vehículo Mercedez Benz del año 1972 que fue restaurado por ellos y posteriormente bautizado "Aurora".

Los viajeros

Adrian es oriundo de Campana, se recibió de radiólogo y viajó a establecerse en Europa, primero en Italia, luego en Barcelona, España, donde dio un vuelco importante ya que decidió abandonar la radiología y convertirse en chef profesional. Al volver a Argentina se dirige a Bariloche en busca de oportunidades laborales, donde conoce a su pareja, quien sería su futura compañera de viaje. ""Nunca fui muy aferrado a nada. Algo que aprendí es que cuanto más te aferras a las cosas, mayor es el sufrimiento al tener que partir", nos cuenta Adrián al consultarle si le costó demasiado dejar todo para emprender la aventura.

Silvana es de Ciudadela, docente, y estaba recorriendo la Patagonia con amigas en modalidad de "mochilera" cuando conoce a Adrían. Establecen una relación, consiguen trabajo y se quedan a vivir allí en Bariloche. Silvana y sus compañeras planeaban realizar una nueva aventura al año siguiente con destino a Centroamérica, pero ella, no sin antes vacilarlo, decide quedarse con él. Este viaje postergado fue la semilla del futuro emprendimiento.

Dos acompañantes más se suman a la travesía. Tutu y Kiki, sus dos perros.

"Aurora"

En una de las visitas a la familia de Silvana en Buenos Aires, a Adrian le comienza a llamar la atención un viejo motorhome estacionado en el frente de un domicilio por el que pasaba varias veces en el trayecto a la casa de los padres de ella. Decide consultar al dueño si estaba a la venta, y luego de idas y venidas acuerdan el precio. Adrián no poseía el dinero para comprarlo, entrega una seña, confiando en el vendedor la reserva del vehículo hasta que recaude el dinero estipulado. Durante casi un año, realiza pagos mensuales y el negocio finalmente se concreta, destacando la buena fe del vendedor para cumplir con lo pactado.

El estado del vehículo no era realmente bueno y tuvieron que trabajar bastante para dejarlo en condiciones. A pesar de ello, estaba muy bien equipado para la travesía. Finalmente quedaron muy conformes con el resultado de la restauración. Según Silvana quedó "como una cabañita del sur, hecha casa rodante".

Es momento de arreglar los detalles previos al viaje. Ambos deciden renunciar a sus respectivos compromisos laborales confiando en poder rehacer su vida al regreso. De Bariloche se dirigen en primer lugar hacia Campana, donde viven los familiares de Adrían. Allí le dan los últimos retoques finales a Aurora. Silvana aún mantenía la idea de llegar hasta Mexico pero finalmente se ajustan a un plan de subir por la costa del mar atlántico y bajar por el pacífico, limitando el recorrido a Sudamérica. Acompañados por sus mascotas, parten hacia el sur de Brasil, en pleno invierno, con mucho frío.

El plan fue salir con pocos recursos e ir estableciéndose en diferentes lugares donde buscar trabajos y oportunidades que le permitan recaudar fondos para continuar viaje. En San Pablo, gracias a un contacto previo, Silvana consigue trabajo rápidamente. Adrián sale a buscar alguna oportunidad por su cuenta, encontrando trabajo en un restaurant gracias a sus habilidades como chef. Allí establecen los primeros contactos con otros viajeros como ellos con los que traban amistad, compartiendo información y experiencias, e intentando reencontrarse en diferentes puntos del viaje.

Transitando por la costa se encontraban las mejores oportunidades laborales. Silvana también aprende a realizar artesanías, algo que poco a poco va perfeccionando y se convierte también en una entrada de dinero importante. La hospitalidad de la gente y la simpatía e interés por este espíritu viajero y aventurero también motivaba que tanto turistas como lugareños colaboraran con recursos para continuar con el viaje.

Así recorren Brasil durante un año y dos meses, siempre manteniéndose en contacto con otros viajeros que les brindan información sobre lugares a visitar, rutas, como moverse y viajar tranquilos evitando problemas. Llegan a Manaos y desde allí emprenden una de las travesías más interesantes del viaje: navegan por el río Amazonas con el vehículo a bordo de una balsa remolcada, en un total de 6 días de navegación. Al principio del trayecto el río presenta una gran amplitud para luego ir cerrándose y bifurcándose en múltiples brazos, en el marco de paisajes selváticos alucinantes, repletos de flora y fauna. Cuentan que allí avistan en varias oportunidades a los famosos manatíes (delfines de río) y una gran variedad de pájaros exóticos. Una vez en tierra atraviesan una zona de reserva, donde la población indígena mantiene su antiguo estilo de vida e intentan luchar contra el avance de la civilización.

El paso por la problemática Venezuela

Al cruzar la frontera los recibe la Gran Sabana con sus paisajes impactantes: ríos, cascadas, quebradas, las grandes mesetas y valles profundos y extensos. Realizan una excursión al monte Roraima, la meseta más alta de la zona. La visión desde la cima la describen como "estar en otro planeta", cascadas inmensas y paisajes con increíbles formaciones de cristales de cuarzo.

A medida que comienzan a acercarse a las ciudades, la gente del lugar les transmite un clima de miedo e inseguridad, propios de la conflictiva situación socioeconómica reinante en el país. Es por esto que deciden evitar las grandes urbes. Ya no paran en cualquier lado a dormir y buscan refugio en cuarteles de bomberos o frente a estaciones de policía.

Al cruzar a Isla Margarita, la situación era algo diferente por tratarse de un lugar propiamente turístico. Se dirigen a una playa recomendada por otros viajeros por ser segura y tranquila para establecerse. Allí disfrutan una estadía agradable, alejados de la situación que se estaba viviendo en el país. Gracias a nuevas amistades que establecen en la zona, reciben la recomendación de visitar varios interesantes lugares que de otra manera hubieran pasado por alto.

La calidez de Colombia y una accidentada llegada a Ecuador

El paso por Venezuela fue rápido, visitando sólo algunos lugares puntuales. De allí siguen viaje hacia Colombia. La primera impresión, dice Adrián, es que "la gente colombiana es muy encantadora, muy parecida a los argentinos, aferrados a sus amistades, abiertos, divertidos, les gusta la buena vida y la diversión". Bajan desde el centro de Colombia, un poco mas hacia al este, uniendo Cartagena con Medellin, Cali y de allí hacia la frontera con Ecuador. Durante el cruce de la cordillera sufren el mayor inconveniente de la travesía: La rotura de la bomba de agua del vehículo. Debido a problemas de importación no consiguen el repuesto, que finalmente fue comprado en Argentina. Gracias a una cadena de mails, y demostrando nuevamente el espíritu solidario de la comunidad de viajeros, consiguen que una persona que emprendía un viaje les acercara desde Argentina el repuesto hasta Lima, Perú. Para abaratar los costos el envío se pacta desde allí hasta una zona limítrofe. Adrian cruza la frontera a pie para buscar la bomba y regresa con ella a Ecuador "cruzando a través de un puentecito", cuentan. El inconveniente los tuvo varados un buen tiempo donde fueron muy bien acogidos por la gente del lugar.

Una vez con el vehículo nuevamente en condiciones, parten a recorrer la costa de país. Adrían, desempeñándose como cocinero, conoce y aprende los detalles y costumbres gastronómicas de los diferentes lugares durante su recorrido. Suman, además de la venta de artesanías, la venta de comida elaborada por ellos como empanadas, panqueques y alfajores.

Ultimo tramo: Peru y Bolivia

Manteniéndose siempre por la zona costera, llegan a Perú, y recorren el norte del país. La gente resulta muy abierta y brindada, con gran simpatía hacia los viajeros como ellos. Ya estaban en la etapa final del viaje y los tiempos de estadía en cada uno de los lugares comienzan a ser menores. Recorren varios lugares de gran valor arqueológico y cultural como Nazca y otros puntos interesantes de la zona norteña. Queda sin embargo pendiente Machu Pichu para una próxima oportunidad, ya que consideran que el vehículo no cumplía las condiciones para realizar esa excursión.

Lima fue una de las pocas ciudades capitales en las que hacen una estadía durante su recorrido, ya que en las demás solo estuvieron de paso. Allí paran en un barrio de estilo bohemio, con acantilados que dan al mar, donde ya se dedican exclusivamente a la venta de artesanías.

Cruzan a Bolivia y visitan varios lugares de gran belleza como el lago Tiki Kaka, con paisajes que según ellos les hacen recordar a los paisajes patagónicos. Recorren La Paz, Oruro, San Martin de las Sierras, para luego adentrarse en la selva boliviana. Un lugar algo peligroso para circular pero en el que transitan sin mayores problemas, a pesar de intensas lluvias y arriesgados caminos de cornisa. Llegan hasta la llanura de Santa Cruz de la sierra donde ya mejora la situación de los caminos. De allí ya parten de regreso hacia Argentina.

Reflexiones luego una experiencia inolvidable

Para Adrian, "Lo más lindo del viaje fue el aspecto social y cultural. Fue un viaje abierto socialmente a todo". "Nos encendió una mecha que no teníamos encendida", cuenta, destacando que sirvió también para sumar una gran cantidad de amistades, ya que "con todos los viajeros se comparte algo, momentos vividos, experiencias, información… es como una gran comunidad con la que se permanece en contacto y se brinda ayuda mutuamente.".

Silvana afirma que "es hermoso hacer un viaje como éste, pero tenés que estar también muy fuerte para enfrentar todo, como estar lejos de la familia, si sucede algo malo, si tenés un problema de salud, por ejemplo. Yo me apoyaba mucho en él, y él mucho en mí, y por supuesto en la gente buena que íbamos conociendo". Adrían por su parte afirma que "Sería hermoso vivir viajando, pero creo que tampoco es bueno vivir todo el tiempo así, siempre necesitaría un tiempo para mí, para estar en mi lugar. Yo creo que para que las cosas sean buenas tienen que durar lo justo, ni extenderse demasiado ni quedarse cortas; este viaje tuvo el tiempo justo".

¿Qué sigue ahora? ¿Repetirán la experiencia algún día? Ambos coinciden en que "necesitamos bajar un cambio, volver a un ritmo de vida normal, salir un poco de esta ficción de vida del viaje para pensar un poco que es lo que extrañamos, que es lo que no, valorar las amistades, valorar los tiempos que invertimos en esto. El cierre sería volver a nuestro lugar, volver a comenzar, ahí concluiríamos este viaje, pero estamos expuestos a la posibilidad de otra aventura, no sé cuándo, ni cómo ni dónde, hay muchas ideas rondando por nuestras cabezas, pero tiene que ser algo bien pensado, no tirarnos a la pileta y que nos salga mal, queremos que nos salga como éste."

La última reflexión, de parte de Silvana es que "el viaje es muy particular, personal para mí, personal para él, personal para cada viajero. Es un viaje para conocerse a uno mismo, pero tenés que estar muy abierto y preparado y con todo lo positivo que es enfrentarse al mundo."


El andar de Aurora en plena montaña


Dos años viajando en motorhome.


Te mostramos la revista del viaje https://bit.ly/1WaSWfY

 
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