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La tanorexia y tanofobia, obsesión por el bronceado




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Llega el verano, sol, arena y playa pero hay dos trastornos psicológicos relacionados con una percepción distorsionada de la propia imagen y graves consecuencias para la salud si no se tratan a tiempo. En los últimos años han aumentado en número de casos. Mientras que la tanorexia se asocia con una obsesión enfermiza por tomar el sol, la tanofobia se ubica en el otro extremo: es un miedo irracional al sol y a sus potenciales efectos perjudiciales.

La tanorexia es una "dismorfobia", o falta de aceptación de la imagen facial o corporal, y afecta en su mayoría a mujeres de entre 20 y 40 años, aunque también es frecuente en personas que superan ampliamente ese rango etario. Más allá de que quizás ya estén bronceadas, ellas perciben que su piel sigue pálida, y continúan con esta práctica.

El término fue acuñado por dermatólogos estadounidenses para describir a un grupo de pacientes que acudían a sus clínicas con lesiones cutáneas causadas por los rayos ultravioleta y que, a pesar de ello, continuaban con las exposiciones. Los que sufren tanorexia no reconocen que sufren un trastorno, por lo que no visitan al dermatólogo o al psicólogo por este motivo.

En el año 2005, un grupo de dermatólogos publicaron un estudio que demostraba que los tanoréxicos experimentaban una pérdida del control de sus límites, que evitaban poder parar el proceso de bronceado una vez que la piel ya está morena, dicho patrón es similar a otras adicciones como el alcoholismo o tabaquismo.

Además de causar un envejecimiento dérmico prematuro, el bronceado sin control tiene efectos acumulativos y consecuencias fatales. Entre las posibles enfermedades se encuentra el cáncer de piel. Una vez que esta última enfermedad es detectada, de todas maneras, las probabilidades de curación son del 90%.

Una de las maneras de protegerse es no tomar sol entre las 12 y las 17, las peores horas para hacerlo y usar protector solar de factor alto. Tampoco está de más acudir al menos una vez al año al dermatólogo, para que explore la piel y descarte la presencia de lesiones. No hay que olvidar que, cuando el cáncer cutáneo se detecta en las fases iniciales, la probabilidad de curación ronda el 90%.

A pesar de que el síndrome no ha sido oficialmente descrito por la comunidad médica, algunos de los síntomas que presentan los afectados son: ansiedad excesiva por no perder el tono ganado, competencia entre compañeros para ver quién puede conseguir el bronceado más oscuro, la frustración crónica sobre el color de la piel, cuando la persona afectada está convencida que su tono es constantemente inferior de lo que realmente es y por último la pérdida de apetito provocada por la sensación de falta de horas al sol.

Aunque la tanorexia afecta a los dos sexos y pese a que no se ha descrito un perfil psicológico característico, la razón del predominio en mujeres jóvenes probablemente se encuentre en factores socioculturales relacionados con el modelo de belleza imperante en occidente desde finales del siglo XX. El canon imperante enfatiza el valor de la delgadez y las tallas pequeñas, la proporción y simetría corporales, y el bronceado de la piel, y los identifica con la salud física y el éxito social.

Por otro lado hay que tener presente que el sol, tomado con moderación, tiene efectos positivos en nuestro organismo. Entre ellos destaca la producción de serotonina, un neurotransmisor del sistema nervioso que produce una sensación de bienestar y relajación. Además, estimula la producción de vitamina D, básica para mantener los huesos sanos; ayuda a dormir mejor y refuerza el sistema inmunológico.

La tanofobia es el extremo opuesto de la tanorexia. Es una aversión irracional al sol por sus potenciales efectos peligrosos y, en ocasiones, resultado de excesivas recomendaciones sobre la protección solar. También es una elección dañina ya que se asocia a déficit de vitamina D. Esto sucede más a menudo en personas entre 50 y 60 años. A pesar de que a partir de la quinta década se tomen alimentos ricos en este micronutriente (pescado azul, yema de huevo, hígado, lácteos enteros o enriquecidos, entre otros), los expertos aclaran que la provitamina D no se convierte en vitamina D aprovechable por el organismo si no se toma el sol. Para ello, sólo son necesarios diez minutos al día.

Estar muy moreno a toda costa o eludir como sea el contacto con los rayos del sol, de forma obsesiva, son las dos caras de la misma moneda. Tanorexia y tanofobia, respectivamente, se engloban en el cajón de los trastornos dismórficos, como la anorexia.

Lucir una piel bronceada es algo que a todos nos gusta pero debemos ser muy conscientes y responsables a la hora de tomar el sol.



 

La tanorexia y tanofobia, obsesión por el bronceado
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