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La Auténtica Defensa. Edición del domingo, 18/sep/2016.

Lo que el río calla:
"Huellas de una geografía imposible. Historia y presente del Delta"
Por Matías Barutta




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Con la inquietud de acercar a la currícula del ISFDyT Nº15 la temática del delta, Matías Barutta, el miércoles pasado -a sala llena-, dio apertura a las Jornadas de Historia y Geografía 2016, que continuaron hasta el día viernes, haciendo hincapié en el campo de los derechos humanos.

La disertación del fotógrafo e investigador campanense- titulada "Huellas de una geografía imposible -Historia y presente del Delta"- giró en torno a lo que él denomina"una historia cíclica y estacional, marcada por la catástrofe, que siempre determina un nuevo volver a empezar, para nuestros vecinos y vecinas del sector insular". El otro pilar que sostuvo su charla - acorde a la esencia de las jornadas- fue el que atraviesa esta geografía tan particular que conforman nuestras islas. Un territorio cambiante y dinámico, con islas y arroyos que nacen y mueren, "un paisaje fantástico construido en base a leyendas y salpicado de la más cruda realidad", que este fotógrafo recorre desde hace años montado en su canoa, rescatando aquellas historias e imágenes perdidas en el misterio del monte y del río.

A tal fin, desde La Auténtica Defensa creemos necesario informar y estimular el pensamiento crítico respecto a nuestro delta, por lo que decidimos compartir algunos pasajes extraídos de su último libro "Intempestivo - Cartografía del Paraná", que sirvió como línea de vida para estructurar su disertación en el marco de las Jornadas.

Aislamiento Central

El partido de Campana posee una superficie total de 954 km2, de la cual el 67% corresponde al sector insular. Esta inmensa porción de tierras anegadas e inundables, simplemente llamada "la Isla" en el cotidiano, se dibuja por el trazado del río Paraná de las Palmas y de su hermano mayor, el Paraná Guazú. Queda, además, contenida entre ambos ríos y entrecortada por canales y arroyos que los comunican, cual calles de una gran vecindad.

Su ubicación estratégica y la gracia de su fertilidad le posibilitan al delta una fácil integración a los grandes procesos socioeconómicos de la región, aunque su rol es más bien subsidiario, con un aislamiento parcial relacionado a su limitada accesibilidad y a las inclemencias del clima y del río.

Así, la Isla se constituye como una zona atípica dentro de la región que la rodea, con ritmos internos propios, pero que existe en relación a su dinámica con el sector de entorno, conjugando legalidades propias de su funcionamiento interno, con macro-procesos regionales y nacionales.

Cuerpo y músculo

El delta del Paraná es el quinto más grande del mundo. Este extenso mosaico de humedales comenzó a formarse hace 150.000 años y no para de crecer. El proceso de formación de islas nuevas es lento y repetitivo, e involucra diversos procesos ecológicos, hidrológicos e incluso de influencia humana. Los sedimentos que bajan por el Paraná forman bancos que luego son colonizados por juncos y camalotes. Los nuevos juncales disminuyen la corriente de agua y estimulan la retención de esos sedimentos. Así, ceibos y pajonales encuentran tierra donde desarrollarse y, junto a otras especies, contribuyen con sus raíces a consolidar las islas. Se estima que el cuerpo del delta crece unos setenta metros por año sobre el Río de la Plata.

Los albardones -partes más elevadas- proliferan en las costas, mientras que el interior -más bajo, también llamado "bañado"- está poblado por pantanos y pequeñas lagunas, donde se asienta una fauna muy particular. Por los cambios en la vegetación y la geografía impulsados por el hombre para hacer habitable y rentable la zona, muchas especies animales y vegetales fueron desapareciendo.

Si en el delta del Tigre se calcula que a la fecha tienen vivienda estable unas 6.000 personas en una superficie de 220 km2, ya un poco más al norte, en las islas de Campana por ejemplo, estos valores se desdibujan en 1.300 personas en 644 km2 (datos censo 2010). Esta brecha se acrecienta a medida que uno sube por el Paraná hacia las islas de Zárate y Baradero.

En esta cartografía trazada entre el Paraná de las Palmas y el Paraná Guazú, cobran vida arroyos y canales, cual raíces indiferentes a su tronco. Arroyos naturales y canales artificiales que fueron zanjas cavadas a mano por aquellos primeros robustos colonos y criollos, y que, poco a poco, el curso del agua y las eventuales dragas fueron ensanchando. Hoy se afianzan con características propias, corrientes personales y voluntades caprichosas.

La memoria del barro

La población actual del delta de Campana data de finales del siglo XIX, cuando numerosos inmigrantes, guiados por el proyecto "civilizador" esbozado por los ideólogos de la organización nacional de la época, fueron arribando a un paisaje tan rico como inhóspito, para asentarse y formar sus hogares. Llegaron de todas las nacionalidades, especialmente franceses, vascos y portugueses, para avocarse, primero a la fruticultura familiar, y luego de lleno a la explotación forestal y ganadera. Cuerpos escapando de la guerra y del hambre. De la revolución industrial europea a la soledad del frío invierno del delta bonaerense, a su verano de mosquitos y a integrarse a la memoria del barro.

Entre principios y mediados del siglo XX, el sector gozaba de un auge demográfico y económico nunca visto. El aumento de la población fue de la mano del incremento de la cada vez más rentable producción frutícola, en un lugar donde todo lo producido se destinaba al mercado interno nacional.

La región se afianzó con una trayectoria cambiante a nivel productivo y demográfico, signada por su inevitable adaptación y la dependencia a los macro-procesos regionales y nacionales, en función del aprovechamiento de sus vastos recursos naturales. Su colonización por inmigrantes europeos la condujo en principio a una predominancia absoluta de unidades productivas basadas en el trabajo del grupo familiar. Hoy, en cambio, se identifica como una región netamente forestal que abastece a la industria celulósica-papelera nacional, con unidades productivas extensivas y concentradas en pocas manos.

La historia interna de la isla es difusa y cambia según su narrador. Es una picada abierta en pleno monte hacia el misterio, un racconto de obstinación y abandonos sostenido unívocamente en la catástrofe: los hechos siempre nacen o incluyen una creciente o un incendio que determinó un volver a empezar, una y otra vez. Borrón y cuenta nueva. En esta línea de tiempo, el agua es el poder, y controlarla es la ilusión.

Lo que el río calla

La ciudad de Campana se convirtió hoy en uno de los polos productivos e industriales más importantes de la provincia de Buenos Aires, con grandes fábricas asentadas en la ribera del río del lado continental. Un río que acrecienta el valor de estas industrias en el mercado por su ubicación clave como puerta de acceso al comercio internacional. Este crecimiento económico que la industrialización fue dando a la zona continental, tanto a nivel local como nacional, no acompañó al desarrollo del sector insular, y marcó una distancia cada vez mayor entre la pujante ciudad y su verde pulmón, cuya suerte y la de sus habitantes fue echada por la borda.

La desinversión estatal y privada, la competencia de nuevos mercados, el avance de las rutas terrestres a nivel nacional y la ausencia de interés del gobierno en mantener a flote al sector, se sumaron a las inclemencias cli-máticas, con intensas crecientes que agravaron estas desventuras y terminaron desalentando por completo a muchos isleños que decidieron interrumpir sus proyectos.

El corolario de esta debacle económica fueron los años noventa: la disminución del valor agregado de la madera y de los productos primarios en general, sumado al estímulo a la importación de manufacturas a muy bajo costo, mandaron a pique la rentabilidad del sector. Así, muchos emprendi-mientos quebraron y se vieron obligados a abandonar el lugar. De esta manera una generación de isleños cerró la puerta y marchó a un exilio masivo hacia la ciudad. El delta fue prácticamente abandonado, se diluyó cualquier intención de retorno futuro, y retomó entonces ese primer origen de territorio marginal y de tránsito.

En la actualidad, pocas familias residen en la zona insular. Se estima que tienen vivienda unas 1.300 personas (según censo 2010): apenas un 1,3% del total poblacional de la ciudad, dispersas en un territorio mucho mayor. Aquellas esplendorosas plantaciones frutícolas se fueron perdiendo para dar paso al monocultivo de salicáceas (álamo por excelencia y sauce en menor medida) para que foresten unos pocos. Con el descenso de la población establecida con vivienda permanente, se produjo un déficit de servicios de transporte, proveeduría, salas de primeros auxilios y, fundamentalmente, de un vínculo aglutinante como es la constitución comunal o vecinal.

En este duro camino del núcleo familiar frutícola al patrón forestal, se vislumbra un panorama so-cioeconómico dividido muy desproporcionada-mente, que golpea entre dos regímenes de producción: el de economías locales de subsistencia y aquellas de tipo capitalista. Así, unos pocos grandes productores forestales crecen a pasos agigantados y el isleño medio la pelea como puede entre micro emprendimientos familiares, changas, subsidios nacionales y escuetas limosnas municipales de carácter puramente asistencialista. Se trata hoy de un cotidiano redundante: voltear, desgajar y trozar, cargar al hombro cada metro cúbico, aguantar el peso y salir a flote cuando el río crece.

El tiempo hecho distancia

Lejos del esplendor desarrollista que derrapa en el Tigre por su cercanía con la capital nacional, el isleño medio del partido de Campana, alejado, disperso en un territorio enorme y mayormente desarticulado con sus pares, transita por otra senda, más frugal en términos progresistas pero insondablemente rica para aquellos que buscan otro estilo de vida, donde la riqueza reside en controlar el tiempo y no estar sometidos al marcapasos del reloj fabril, donde la tranquilidad se torna primordial y se traduce en bienestar. "¿Está bien o está mal esta senda?". Valga esta inútil salvedad para dejar en claro la imposibilidad de definir el interrogante más que con valoraciones personales sobre la gracia y la desdicha de vivir aislados, o precisamente sobre la eterna contradicción que el aislamiento puede acarrear. Lo cierto es que no es fácil ganarse la vida en isla, cuando se está atravesado por la constante lucha contra el agua para quien decida cultivar o tener animales, por la escasa demanda laboral para juntar algún dinero o por la poca abundancia de la pesca y de la caza en estos tiempos.

A su vez, el río se impone como una frontera tangible al desarrollo que nos trae la modernidad y su progreso: la falta de agua potable, la insuficiencia en el suministro de gas y electricidad, las escuetas vías de acceso terrestres y fluviales, la precariedad laboral y sanitaria, el asistencialismo como cepo al cambio, la falta de acceso a una educación plena para sus hijos, las inminentes crecientes frente a las cuales poco se puede hacer, nada se puede discutir y que las políticas esbozadas en tierra firme para isla, no logran comprender.

¿Cómo seguimos?

Barutta deja entonces abierto el interrogante frente a nuestra comunidad sobre el devenir de nuestro delta y la factibilidad de habitar dignamente este territorio, sin que se vulneren los derechos humanosmás básicos. Recordándonos que "del otro lado del río tenemos una cultura centenaria, aislada y en vías de extinción. Un patrimonio cultural y natural único de nuestra comunidad". Y convoca "a la población en general y a las distintas instituciones en particular (Institutos de formación académica y técnica, ONGs, etc.) que puedan brindar soluciones prácticas a las deficiencias estructurales que azotan nuestras islas, allí donde el Estado en su conjunto, hace agua por todos lados".










El grisado marca la zona de influencia del Delta Campanense

 

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