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La Auténtica Defensa. Edición del jueves, 06/feb/2020.

El Rincón de Aléthea:
El Hacedor de Lluvias
Por Angela Monsalvo




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"La lluvia tiene un vago secreto de ternura, algo de soñolencia resignada y amable. Una música humilde se despierta con ella y hace vibrar el alma dormida del paisaje". --Federico García Lorca

La falta de lluvias comporta la sequía de los pantanos y pérdidas de nacimientos de agua y manantiales. Además de calor insoportable e incendios descontrolados de bosques y áreas rurales.

Basándonos en esto, veremos que en las antiguas tradiciones siguen siendo fuente de sabiduría, todo lo relacionado con las lluvias, tan necesarias para la fertilidad del suelo.

A los chamanes a menudo se los llamaba para lidiar con las condiciones meteorológicas adversas; durante una sequía realizaban danzas, ceremonias y sacrificios para traer la lluvia.

Cuentan que en el pasado en las tribus y en los pueblos había una persona que se encargaba de una función primordial, la de ser el Hacedor de Lluvias. La función principal del Hacedor de Lluvia consistía en cultivar el poder de la invocación -mediante una serie de cultos mistéricos- de las fuerzas de los ancestros para de este modo obtener una influencia benigna de dichos espíritus en la vida de la comunidad.

En las sociedades que dependían directamente de la agricultura por temporal, las sequías significaban muerte, enfermedades y años de sufrimiento. La expectativa de lluvia era muchas veces desesperante pues, cuando ésta faltaba, se convertía en la espera de un milagro que podía cambiar radicalmente la existencia. Y por supuesto, alguien capaz de hacer llover se volvía la persona más valiosa para ese mundo.

Hace mucho tiempo, en el lugar que puede ser el que deseen imaginar, era la estación de las lluvias, pero ellas no aparecían. Los campos sufrían con la sequedad, la tierra se agrietaba, el ganado no encontraba pastos, los habitantes del pueblo invocaban a los espíritus benignos, pero el cielo seguía sin mostrar una sola nube.

Los afligidos campesinos reunidos en la plaza principal, junto con los ancianos que formaban el gobierno de la aldea, decidieron que iría una comitiva de ellos hacia otro pueblo distante donde habitaba un Hacedor de Lluvias. Estaban dispuestos a traerlo a como diera lugar, procurando conmover su corazón con la miseria que veían venir sobre ellos a causa de la sequía.

Cuando regresaron en feliz cumplimiento de su misión, les dio la bienvenida una multitud entusiasta dispuesta a obedecer cualquier exigencia del Hacedor de Lluvias. Éste era un anciano de aspecto humilde y tranquilo. Sus peticiones fueron modestas; una choza para él solo, una ración diaria de arroz y de té, no ser molestado por tres días. La tierra yerma absorbía con avidez la vida que le daba el agua, la gente bailaba por las calles con el rostro vuelto al cielo que por fin se había acordado de ellos. Cuando despejó y apareció el arco iris, el anciano salió de la choza. Todo el pueblo fue a darle las gracias, a ofrecer en retribución lo que él pidiera y a preguntar cómo había hecho el milagro.

Muy sencillo -respondió el anciano- este pueblo no estaba en armonía y eso perturbó el ciclo acostumbrado de las cuatro estaciones. Bastaba que un solo hombre lo estuviese para que los demás se fueran armonizando y el orden natural de las cosas se restableciera.

Entre las cosas que se encargaba el Hacedor de Lluvia para el bien de la tribu, era mandar sobre el clima y especialmente asegurar una caída de lluvia adecuada.

El agua es esencial para la vida y en la mayoría de los países su provisión depende de los aguaceros. Sin llover, la vegetación se marchita y los animales y los hombres se extenúan y mueren. Por esta razón, en la sociedad de salvajes, el Hacedor de Lluvia era un personaje muy importante y existía con frecuencia una clase especial de magos para regular el abastecimiento del agua celestial.

Los métodos que ellos intentaban cumplir -los deberes de su cargo- por lo común, aunque no siempre, estaban cimentados en las reglas de la magia imitativa. si deseaban hacer que llueva, la imitaban salpicando agua o remedando las nubes.

También las tribus africanas y amerindias tenían la creencia de que cuando había sequía era porque los hombres se encontraban en conflicto, por los pocos recursos que se podían encontrar en la sabana africana o las praderas americanas. Estos conflictos sólo podían ser resueltos por el Hacedor de Lluvia. Bailando, refrescando las cosas, el cielo, la tierra, los hombres, así se detenía el conflicto, traía la lluvia y traía paz al hombre.


 

El Rincón de Aléthea:
El Hacedor de Lluvias
Por Angela Monsalvo
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