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domingo, 09/ago/2020 - 12:32
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La Auténtica Defensa. Edición del domingo, 12/jul/2020.

Opinión:
La pandemia observada
Por Mara Pedrazzoli




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Mara Pedrazzoli

Mientras en las calles o en nuestras vidas íntimas se producen cambios sustanciales en nuestra relación con el mundo (por ejemplo la manera de estar en la casa, de alimentarnos, de relacionarnos con nuestro trabajo o con nuestros seres queridos), creemos que las relaciones en el mundo van a seguir igual después del coronavirus. La sobredosis de realismo alcanzó a algunos artistas y jóvenes politólogos que se burlaron de las prédicas o convicciones que filósofos contemporáneos compartían desde sus lugares remotos; encontré en la red desde posiciones nostálgicas (cualquier escritor del pasado es mejor que Zizek) hasta irónicas (respecto de la "nueva normalidad"). Así que si esos son los planteos de gentes que se suponen a la vanguardia del promedio social, debiéramos ser mucho más generosos respecto de lo que llamamos la "opinión pública", mediática o barrial. Discursos que agregan bastante disparate al disparate que estamos viviendo, veamos.

"Un comunismo reformado basado en la confianza en las personas y en la comunidad científica" puede ser el corolario más interesante de la prédica zizekiana, y no es menor que elimine el costado fascista y omnisciente de los Estados comunistas. Cualquier persona no errará al afirmar que la tendencia económica no es hacia el comunismo, pero si empezamos a nombrarlo (en vez de gritarlo), a caracterizarlo con fases más humanas, quién nos dice, quizás, en otra pandemia.. Los típicos mecanismos de mercado se revelaron como inservibles para evitar el caos o el hambre en la actual pandemia, fueron los Estados quienes rápidamente (en algunos casos) construyeron camas, hospitales y respiradores para atender a la población, la asignación de mercado no hubiera servido. De igual modo fue el Estado quien emitió el dinero que la economía dejó de generar en el entorno pandémico, y entonces abre el lugar a pensar ¿y en esas capas sociales donde el sistema económico nunca llega no deberá quedarse el Estado para garantizar derechos básicos?

Quiero hacer un comentario sobre (creo) la primer observación de Zizek en el libro Pan(dem)ic, que luego de leerla experimenté como real. Dice Zizek que en el contexto de distanciamiento social nuestras manos no pueden tocar a la otra persona de modo que el único contacto permitido es a través de la mirada, libre de mediaciones estéticas dado que permanecemos ocultos tras el barbijo. Se abre entonces una ventana para un contacto más íntimo, ya que una mirada profunda a los ojos del otro puede revelar mucho más que un pequeño roce.

Luego tenemos a Bifo que lee a la pandemia como una emancipación de lo útil y lo matérico; algo bastante inusual en el entorno de nuestra era digital, del semiocapital y la abstracción financiera. Lo llama "el retorno de lo útil" no sin poca epopeya. Menciona que el virus es una recombinación matérica aunque difícil de categorizar (¿es una sustancia biótica o abiótica?) y además, al mismo tiempo, el virus es pura información (genética). Escuché a Carlos Huffman decir que se conoce que los virus son los únicos organismos capaces de transmitir información genética entre especies, o sea, de manera horizontal. De modo que estamos ante una verdadera revolución desde el punto de vista evolutivo, vaya a saber qué rasgos futuros en nuestra especie tengamos que agradecerle al coronavirus.

Bueno, el virus es una recombinación matérica y da lugar a una recodi-ficación universal, dice Bifo: nos permite disparar nuevos razonamientos, cruces, versiones de lo posible. Así, con bastante humildad y romanticismo escribe:

"Es nuestra experiencia de estas semanas una enorme expansión del tiempo vivido online; no podría ser de otra manera porque las relaciones afectivas, productivas, educativas deben ser transferidas a la esfera en la que no nos tocamos y no nos juntamos. (…) Ese espacio que presupone una exactitud lampiña, sin pelos y sin polvo, que no conoce la ambigüedad de los cuerpos físicos ni goza de la inexactitud como posibilidad. (…)

Pero entonces ¿qué? ¿qué sucederá después? ¿y si la sobrecarga de conexión termina por romper el hechizo?

Quiero decir: tarde o temprano la epidemia desaparecerá (…): ¿no tenderemos quizás a identificar psicológicamente la vida online con la enfermedad? ¿No estallará tal vez un movimiento espontáneo de acariciamiento que induzca a una parte consistente de la población joven a apagar las pantallas conectivas transformadas en recuerdo de un período desgraciado y solitario?

"No me tomo demasiado en serio, pero lo pienso"

Byung Chul Han no se priva de reflotar su idea del "exceso de positividad" aunque algo fuera de lugar en este argumento. Su aporte más interesante es hablar del "tecnototalitarismo" que afloró como recurso para fines más ponderables durante la pandemia, las sociedades asiáticas son más obedientes y acatan el uso de apps y cámaras de vigilancia que permitieron al gobierno chino lidiar exitosamente con el contagio de la covid-19. En China hay 200 millones de cámaras de vigilancia muchas de ellas provistas de una técnica muy eficiente de reconocimiento facial, captan incluso los lunares en el rostro, nos cuenta, mientras en cierto sentido se ríe del atraso europeo (individualista y defensor de la libertad) respecto a estas prácticas: en Europa primaron medidas algo vetustas como el cierre de fronteras y el aislamiento.

Por el contrario, Yuval Harari rescata un aspecto vanguardista de la Europa contemporánea en la figura de Ángela Merkel. La presidente de Alemania fue la única líder capaz de catalizar políticas internacionales, que si bien atañen exclusivamente a la región del Euro, fueron las únicas que parecen confirmar esa creencia que de esta salimos entre todos. El nacionalismo y egocentrismo de Trump supone el faltante de una pieza clave en el armado de las políticas que serán determinantes de los senderos económicos que transitaremos como sociedad en la pospandemia. Trump no piensa en el conjunto, en un contexto donde los organismos que fueron creados por el interés hegemónico Estados Unidos se tornan especialmente relevantes: el Banco Mundial, el FMI, plantearon discusiones muy tibias respecto de cómo socorrer a los países más necesitados de financiamiento (siempre) externo para evitar el colapso de sus deudas o el derrumbe de sus economías.

En fin, es cierto que el panorama no luce alentador, máxime si se tiene en cuenta que venimos ya de décadas de magro crecimiento de la actividad mundial y caída tendencial del comercio. La economía estaba como freezada y ahora sucumbirá, o no, eso está por verse.

Quiero cerrar este texto reflexionando, cariñosamente, en torno a las palabras de Agamben y volviendo a esto que mencionaba al principio de pensar "la opinión pública". Agamben se pregunta "¿cómo puede ser que un país entero se haya derrumbado ética y políticamente ante una enfermedad sin darse cuenta?", para él se trata de un riesgo controlable el coronavirus y no de una pandemia. Me recuerda a esas personas que dicen que prefieren contagiarse antes que seguir encerradas, y desde la política pública es claro por qué no se deben acatar esos razonamientos pero desde el plano individual depende de las perspectivas: prefiero ¿estar muerto? ¿asumir un riesgo? (asumir un riesgo dice Agamben) antes de seguir encerrado. Es lícito. Nosotros no somos una sociedad muy de tomar riesgos, la vida en constante incertidumbre nos ha tornado más dóciles que rebeldes.

Pero en ese acto de salvación, que pudiera asumirse individualmente, inmediatamente experimentamos que la vida sólo es vida si es social. Que salir a pasear no suple el encuentro azaroso con el otro, que tomar un café en alguna estación de servicio autorizada lejos está del sabor del encuentro en bares alternando entre una conversación y otra, que nada mejor que interrumpir una charla y eso no se puede hacer por zoom, tampoco cruzar con cierta chispa miradas cómplices en medio de alguna conversación. Es más fácil escuchar en los medios a personas lamentándose por la pérdida de derechos individual más que con cierta nostalgia sobre la vida vivida en comunidad, pero bueno, sin desmerecer la potencia de los discursos, también hay algo en lo no dicho que late, no es dicho para preservar al yo pero se siente y --en potencia-- se expresa. Hasta la vista, humanos.



 

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