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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 30/jun/2009 de La Auténtica Defensa.

Alifano y El humor de Borges
Por Ismael Garzón




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 Ismael Garzón


 Jorge Luis Borges y Roberto Alifano.

"El Borges cotidiano era un ser muy agradable, que estaba haciendo bromas todo el tiempo, y todo lo llevaba a la literatura", dice Roberto Alifano, desmintiendo así la imagen hosca y distante que se tiene del escritor. Fue el ser más literario que conocí en mi vida, agrega. Le encantaba hacer bromas, reírse, divertirse. Su humor era ácido, sarcástico, muy cercano a la ironía.

Todas las anécdotas que vivieron juntos las relata Alifano en su libro El humor de Borges.

Alifano acompañó a Borges no sólo escribiendo lo que éste le dictaba, haciendo dupla en las traducciones, acompañándolo en los viajes y compartiendo sus reflexiones y su humor. También participó activamente junto a él en los "diálogos públicos", esas conferencias en que Borges, por su falta de visión, necesitaba tener cerca a un interlocutor concreto, cercano, a quien dirigirse.

Nuestra amistad con Roberto, a quien conocí en Escobar, nació por medio del común amigo Alberto Lis. A partir de allí manteníamos reuniones en mi casa o en la redacción de la Revista Proa, que como se recordará, fue fundada por Borges y un grupo de intelectuales y escritores amigos.

Como epílogo, insertamos un segmento de El humor de Borges, con diálogos del autor de El Aleph con el poeta y escritor Roberto Alifado, de Ediciones PROA S.A.

De besos y mazorca

El día que le otorgaron el Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, trabajábamos con Borges en la traducción de las Fábulas de Robert Louis Stevenson. Hacía el mediodía me pidió que revisara su pasaporte, ya que debía viajar a Europa dos días después. Con preocupación vi que el documento estaba vencido y que si no lo renovaba inmediatamente tendría que suspender el viaje. Era necesario hacer algo urgente. Llamé por teléfono a un comisario que conocía en el Departamento de Policía y enseguida nos encaminamos hacia allí.

La presencia de Borges fue todo un acontecimiento en esa institución. La cordialidad excedía lo imaginable; los policías lo colmaban de atenciones, se tomaban fotos con él, le hacían preguntas y celebraban sus bromas.

El asombrado Borges contó anécdotas de su abuelo que a fines del siglo pasado (XIX) fue comisario del barrio de San Cristóbal. "Mi parentesco con Isidoro Acevedo y con el coronel Suárez- me dijo, en un momento que nos quedamos solo- ha hecho que esta gente me tome por uno de ellos. Creo que eso nos conviene, ¿no le parece?".

El trámite del pasaporte fue resuelto en poco tiempo, sin movernos de la oficina de nuestro amigo el comisario Franco.

Allí nos enteramos de que García Márquez había sido premiado con el Nobel de Literatura. Los periodistas acreditados en el Departamento de Policía se lanzaron sobre Borges para hacerle preguntas. "Me parece un excelente escritor y es muy justo que le dieran el premio- afirmó Borges. Cien años de Soledad es una gran novela, aunque creo que tiene cincuenta años de más. El hecho de que se lo hayan dado a García Márquez y no a mí revela la sensatez de la Academia Sueca. Mi literatura no es importante, además yo no tengo obra, solo algunos textos dispersos".

Ya en la calle, a pocos pasos de la salida del Departamento de Policía, nos enfrentamos con un hombre joven y atlético, vestido con ropa deportiva y un bolso en la mano.

Soy el sargento Fulano de Tal- se presentó -.¿El señor es Jorge Luís Borges?

-Bueno, Creo que sí, señor-respondió Borges.

Maestro- dijo el sargento con vos firme- , yo lo sigo en todos los reportajes que le hacen en la televisión y en las revistas. No lo he leído, pero debo confesarle que siento gran admiración por usted y quisiera besarlo.

Borges, sorprendido, asintió con la cabeza y el sargento lo besó tiernamente en la mejilla. Cuando el otro había partido, Borges que aún permanecía inmóvil, tomado de mi brazo me dio un golpecito con el codo y comento:

-¡Caramba, un mazorquero cariñoso!

El autor es escritor y periodista, director del Taller Escuela Mariano Moreno, de Periodismo y Comunicación.


 

Alifano y El humor de Borges
Por Ismael Garzón
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