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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 02/sep/2012 de La Auténtica Defensa.

Discapacidad:
Situación del padre y/o madre no conviviente en materia de régimen de visitas
Por Dra. Silvina Cotignola




TRUCOS SENCILLOS PARA ESTACIONAR DE FORMA CORRECTA


Amigos… cuando estamos frente a una instancia de divorcio o separación de hecho, podemos encontrarnos con el conflictivo paso de establecer para el progenitor no conviviente un régimen de visitas que podría representar una violenta pulseada por el tiempo y la manera de llevarlo a cabo. Habiendo existido situaciones críticas que llevaron a la disolución del vínculo, por lo general la parte que se quede ejerciendo la tenencia del menor, tratará de poner o imponer las pautas de dicho régimen, retaceando en consecuencia el derecho de visita del progenitor no conviviente. El establecimiento de un régimen de visitas entre los menores y los padres no convivientes, tanto en sus modalidades y frecuencias, es, según mi humilde experiencia, uno de los aspectos mas ríspidos en esta clase de negociación, pues aquí está en juego el tiempo en que se verá a los hijos, seguramente el que resultará siempre escaso a tenor de la falta de cotidianeidad. Es así que éstos suelen sentir la gran pérdida de los pequeños eventos que realizan los niños cada día, desde que se despiertan y recurren a alguno de sus padres en busca de alimentos, atención, mimos, etc.

Debiera tenerse en cuenta, cuando hay que convenir un régimen de visitas, vital es que prime un criterio solidario para determinarlo y entender que solo los niños serán los perjudicados si se restringe infundadamente el contacto con el otro progenitor. Es necesario para los hijos tener un mínimo tiempo de convivencia con aquel, pues esto favorece su formación integral y el estado de felicidad al que todos los seres tienen derecho. Los niños no deberán ser una moneda de cambio, esto es, no hay que ceder para negociar, sino solo atender para su determinación, el exclusivo interés y bienestar del menor.

Es frecuente, mas de lo deseable, que cuando la madre, generalmente la que queda con la tenencia, advierte que en la vida de su ex cónyuge aparece una nueva pareja, suele erigirse como un juez implacable respecto de la moral y ética de esta última, comenzando ergo a retacear el tiempo y la forma de las visitas del padre respecto del menor, e incluso hasta llegar a suspenderlo totalmente, sobretodo cuando se acordó el pernocte de un día para otro en el domicilio del padre. En tal supuesto se configuraría el impedimento de contacto.

Debo señalar que cuando se elaboran los acuerdos para las visitas suelen bosquejarse prima facie un régimen "amplio". Pero mientras se negocia, Ej.: establecimiento de cuota alimentaria, partición de bienes, o bien la existencia de un tercero, hacen surgir poco a poco diferencias que provocan resentimientos y sin lugar a duda es el menor quien se convierte en rehén de esa situación, ello producirá el recorte del régimen hasta la mismísima suspensión. Soy de la opinión que debiera empezarse por acordar un régimen pautado tanto en sus formas como frecuencia, para luego, según los acontecimientos futuros pueda llegar a ampliarse, ya sea por un nuevo convenio o simplemente a través de la experiencia diaria, pero teniendo como premisa que rige el que se estableció y frente a eventuales desacuerdos a ese régimen se volverá, para recomenzar.

Por otra parte debo decir que estas crisis van disminuyendo en general, pues operan en el progenitor conviviente determinados cambios al comprobar los daños que aparecen en los niños cuando hay privación de contacto, lo que invita a reanudar el régimen suspendido en forma y frecuencia. Es cierto que puede haber causas intrínsecas que instalen resentimiento entre los progenitores, pero también es cierto que el menor no ha contribuido en modo alguno para ello.

Es sumamente importante aclarar que en caso de existir un régimen de visitas judicialmente homologado, deberá hacérselo valer, y en ocasión de haber negativa de entregar a los menores por parte del que convive con ellos, el progenitor afectado deberá hacer la denuncia correspondiente en sede policial por violación a la ley 24.270. Asimismo debe comprenderse lo relevante de seguir los pasos procesales previstos para la fijación de un régimen de visitas, ya sea dentro de un expediente de divorcio, o como juicio independiente, pues muchas veces suele tratarse de una pareja que solo ha convivido teniendo hijos en común, y que con el tiempo se desvinculan, no contando con un régimen de visitas pactado u homologado, desarrollándose uno inestable dependiente de los vaivenes de esa relación conflictiva por la ruptura.

Amigos… tal como sostiene la especialista Dra. Kemelmajer en sentencias argentinas se lee frecuentemente "el derecho de visitas que tienen los padres es también de los hijos, y por lo tanto, un correlativo deber de aquellos, quienes deben velar paritariamente por una adecuada comunicación del menor con el progenitor que no ejerce la tenencia a fin de fortalecer los lazos afectivos de ambos, y con ellos evitar la total desintegración de la familia". Es por tanto entonces que el derecho de visitas no debe limitarse a una mera facultad que caprichosamente pretende ejercer el padre y ciegamente la ley debe reconocer, sino se complementa con el cúmulo de deberes emergentes de la patria potestad, entre los cuales se encuentran los de mantener adecuada comunicación con los hijos, controlar su educación, etc. El contacto de los padres con los hijos y de éstos con aquellos es esencial para ambos. Contrariamente, es decir, la limitación o restricción (salvo que aquellas fueren justificadas), implicarán un daño a los hijos quienes indudablemente sufren una pérdida de identidad, del sentimiento de pertenencia a un grupo social, lugar, familia, etc. En síntesis, si se es conciente de la cantidad de perjuicios que conlleva no intentar ser medianamente civilizados, se podría evitar daños en la psiquis de los menores, que difícilmente puedan llegar a ser reparados, por mas que posteriormente llegue de una manera u otra la calma a cualquier grupo familiar. Por ello no olviden jamás que "EL EJERCICIO DE LOS DERECHOS, NO CONSTITUYE UN MERO PRIVILEGIO".

DRA. SILVINA COTIGNOLA, ABOGADA ESPECIALIZADA EN DISCAPACIDAD Y FAMILIA. smlcoti@ciudad.com.ar


 
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